Connect with us

Hi, what are you looking for?

Cultura

Cacerías de “breaks”: La violencia juvenil urbana en Guatemala en tiempos de guerra

La violencia entre los breaks y los anti-breaks sacó a luz los sentimientos de rechazo a los pobres e indígenas urbanos que buscaban un espacio en la sociedad, y lo convirtió en el odio y desprecio racista y clasista de los jóvenes que apenas estaban una grada arriba en la escala socioeconómica de Guatemala.

Mientras en la montaña soldados y guerrilleros libraban una guerra fratricida, en la capital de Guatemala, jóvenes, estudiantes —casi niños—, replicaban los enfrentamientos entre clases sociales antagónicas, a punta de bailes y palizas. En la ciudad comenzaron a surgir distintos grupos de adolescentes que dedicaban su tiempo a bailar break dance sobre cartones; se reunían en las calles o plazas comerciales, influenciados por las danzas contemporáneas que surgían en los barrios marginales de Nueva York, el cine hollywoodense, la televisión, la música funk/hip hop y la moda underground.

Estos grupos no solo se identificaban por bailar. Según el novelista guatemalteco Javier Payeras, los breaks eran “chicos que no se vestían a la moda, que tenían aspecto de trabajadores o indígenas y se educaban en escuelas públicas”. Así los describe el escritor en su ensayo Anti-breaks, incluido en su obra de 2002, Ruido de fondo. Payeras también relata que durante la misma época estudió en uno de los colegios conocidos como “desagües”, donde admitían a estudiantes problemáticos o que habían sido expulsados de colegios prestigiosos.

Fue en estas instituciones donde surgieron los conocidos cazadores de breaks. Un día un compañero llegó a contarme que unos chicos de cuarto bachillerato habían secuestrado a alguien y que, luego de golpearlo entre cinco, lo habían lanzado al fondo de un barranco. Ellos eran los anti-breaks, un grupo de muchachos de clase media que se dedicaban a ’cazar’ mareros a la puerta de los institutos públicos”. La narración de Payeras es una de las varias historias que se contaban en los salones de clase en los años ochenta

La violencia entre los breaks y los anti-breaks sacó a luz los sentimientos de rechazo a los pobres e indígenas urbanos que buscaban un espacio en la sociedad, y lo convirtió en el odio y desprecio racista y clasista de los jóvenes que apenas estaban una grada arriba en la escala socioeconómica de Guatemala.

La crisis económica de los ochenta, las nuevas políticas neoliberales y el crecimiento de los medios de comunicación fueron factores que derivaron en una cultura juvenil de consumo, desinterés político, de preferir la educación privada a la pública y la violencia hacia los movimientos estudiantiles.

Este conflicto juvenil es la base de la trama de la segunda película del cineasta guatemalteco Sergio Ramírez “1991”. La propuesta cinematográfica debuto mundialmente en el Festival de Miami (EE.UU.) el pasado 11 de marzo.

“Tiene una urgencia abrumadora pues saca a la luz uno de los genocidios menos denunciados e impunes del siglo XX: el de cientos de jóvenes indígenas asesinados con impunidad a finales de la década de 1980 y 1990 en Guatemala”, reseñó el Miami Film Festival en su página oficial de Facebook. La cinta fue catalogada como uno de los estrenos más importantes del prestigioso festival.

Publicidad
Se dedicaron a golpear colectivamente a cualquier muchacho que, por su aspecto físico, su forma de vestir y comportamiento pudieran identificar como break. Se montaban en vehículos y recorrían la ciudad en grupos hasta llegar a las zonas más populares; perseguían y golpeaban repetidas veces a sus víctimas. / Foto: 1991.

Los hechos que dieron vida a la cinta fueron estudiados por la antropóloga María Gabriela Escobar Urrutia, en su tesis Enfrentamientos y violencias juveniles en la ciudad de Guatemala (1985–1993). 

La antropóloga estudia la historia, definición y desarrollo de la juventud en el mundo. Analiza las diferencias sociales como la economía y la educación que se manifestaban en la Guatemala urbana de los años ochenta, a partir de las que se crearon dos corrientes opuestas: la del joven conformista burgués y la del joven delincuente del proletariado, a partir de esos dos conceptos la juventud se ha ido transformado siempre influenciada por la historia.

“Entre 1984 y 1993, cientos de jóvenes de sectores populares asumieron el break dance como una música y un baile propios, reinterpretándolo y convirtiéndolo en una bandera que los identificó entre sí y los posicionó de frente a los jóvenes de sectores acomodados”, describió la antropóloga como los inicios de este movimiento en el país.

También puedes leer
Luis Mack: El fraude “puede ser el inicio de una gran transformación de la Universidad, para mal”

Con el tiempo, los breaks empezaron a ser asociados con la pobreza y la delincuencia, generaron una oposición por parte de los jóvenes que se auto percibían como burgueses, creando su propio grupo denominado anti-breaks, que este estaba integrado por estudiantes irregulares de clase media y en algunas ocasiones de clase alta.

Se dedicaron a golpear colectivamente a cualquier muchacho que, por su aspecto físico, su forma de vestir y comportamiento pudieran identificar como break. Se montaban en vehículos y recorrían la ciudad en grupos hasta llegar a las zonas más populares; perseguían y golpeaban repetidas veces a sus víctimas.

Además de utilizar sus propios puños, también usaban cadenas, bates y hasta armas de fuego, fue en esos casos donde la persecución llegó a tal extremo de dejar víctimas mortales.

Odio

José Roberto Gonzales Arévalo, conocido como Blacko e integrante de la banda de rock Guerreros del Metal, fue un espectador de este fenómeno. Gonzales cuenta que empezó a darse cuenta de los enfrentamientos luego de convertirse en cristiano y abrir las puertas de casa para que los jóvenes llegaran a escuchar los ensayos de la banda y luego darles una predica.

“Me llamaba la atención que llevaban bates, cadenas, chakos, cuchillos, manoplas; un día los revisé y vi que tenían todas esas cosas y les pedí que las dejaran afuera”.

Publicidad

La intención de Blacko no era alentar los enfrentamientos, sino aprovechar que los jóvenes lo escuchaban para que acabaran las peleas. “¿Porque ustedes tienen que agredir a una persona que es de una clase social inferior a la de ustedes?, ¿porque tiene un gusto musical diferente o hacen otras cosas o simplemente se visten distinto? ¿porque tiene que agredirlos?”, esas eran las preguntas que Blacko les planteaba para hacerlos reflexionar sobre sus acciones violentas.

El cantante llego al punto de hacer coincidir en los ensayos a sus amigos breaks, conocidos como “los colchoneros de la zona 8” y a sus amigos rockeros., “Los invite para que entraran al mismo tiempo, al verlos el impacto de ellos fue terrible porque lo primero que querían era agredirlos, pero yo como soy experto en artes marciales, les dije que si alguno levantaba la mano iba a salir sin dientes, porque esa era la casa de Dios, era mi casa y no tenían derecho a agredirlos”.

“Para la burguesía los breakeros (y) los mareros siempre han sido lo peor: ladrones y todo eso, cosa que es mentira. Ponete en mi caso, yo fui breakero a morir, sigo siendo breakero a morir y no soy ningún ladrón, pero fue la versión de los burguesitos”. José Flores, antiguo bailarín de break y exestudiante de la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales. / Foto: 1991.

Preocupado por el rumbo que está tomando el movimiento, Blacko comenzó a advertirle a los anti-breaks que los denunciaría con la policía, ya que habían empezado a asaltar los chicleros y las tiendas de barrio.

“En una ocasión los acompañé, quería ver qué era lo que hacían. Los breaks también se habían organizado, algunos eran maleantes y en ese tiempo ya empezaba la formación de las maras. Yo fui un observador, esa vez fue en el parque San Sebastián, salieron a relucir machetes, revólveres, hubo unos 20 heridos, disparos, una cosa terrible, una hazaña y un odio que ya se tenían uno contra otros”.

“Es una tergiversación de lo que es ser un rockero”

Entre las causas originaron este conflicto, Gonzales Arévalo explica que un falso concepto de lo que es ser o sentirse rockero, influyo en ello. “Ser rockero es ir contra las normas contra lo reestablecido, pero poniendo soluciones o decisiones coyunturales que cambien el país. Pero solo destrozar, agredir, eso no es ser un rockero, eso es ser un idiota, es una tergiversación de lo que es ser un rockero de ser un espíritu libre a un delincuente”.

“Yo creo que fue una excusa para saciar su sed de violencia de la juventud, ahí se inventó el mosh pit, (baile en el que los participantes se empujan o chocan entre sí), donde van a saciar su belicosidad no a escuchar música. Pero como no hacían eso, salían a golpear a lo que encontraban que eran distintos, contribuyo en gran parte ese sentido de pertenencia de la juventud que sigue las normas que va dictando el mismo grupo”.

También puedes leer
Verzeletti: "Los guatemaltecos hacen milagros para sobrevivir”

“En ese momento ya te involucraste en las actividades del grupo, siempre hay alguien que dice: ‘nos cae mal ese tipo de mara vamos a limpiar la ciudad’, de hecho, había grupos que salían de noche a matar indigentes”.

Para Blacko el conflicto armado interno no influyó realmente en esto, porque a la mayoría de la juventud no le interesaban los problemas de la sociedad. “No les interesa la guerra, no les importa nada de eso, nosotros tratábamos de concientizar con nuestras canciones a los jóvenes de que había algo más, que no era solo salir a pelear con ellos, había que pelear con los de arriba que estaban destruyendo el país”.

Publicidad
Breakdance, 90´s Bronx New York / Foto: Vocal.media

Por otro lado, la escena del metal también vivió varias represiones violentas por parte de la policía, convirtiéndose en algo común en aquella época.

En 1993 se intensificaron los enfrentamientos y la cacería, esto coincidió con una ola de protestas por parte de los estudiantes de institutos públicos por la falta de maestros, agua, electricidad y la suspensión del bono escolar.

Según Gonzales Arévalo, ni los medios de comunicación ni la policía les ponía mayor importancia a los enfrentamientos entre grupos de jóvenes de diferentes clases sociales. Solo mencionaban que eran “riñas estudiantiles”, nunca investigaron lo sucedido.

“El indio es ladrón, cholero”

Algunos de los testimonios recopilados por Escobar Urrutia, describen la brutalidad con la que se realizaron estos actos.

“Estacionabas el carro, te bajabas, agarrabas un bate y al primer pisado que se te atravesaba le quebrabas el bate en la cara, aunque no estuviera haciendo nada, aunque estuviera ahí sentado, si tu creías que era break lo matabas”. Arturo Soto, exestudiante del colegio Ciudad Vieja.

“Para la burguesía los breakeros (y) los mareros siempre han sido lo peor: ladrones y todo eso, cosa que es mentira. Ponete en mi caso, yo fui breakero a morir, sigo siendo breakero a morir y no soy ningún ladrón, pero fue la versión de los burguesitos”. José Flores, antiguo bailarín de break y exestudiante de la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales.

“Existe la idea general de que el indio es ladrón, cholero y esa es la base fundamental de las cacerías, en ese tiempo yo me desaparecí un cacho, me hundí en mi onda, me enfermó eso. Traté de hacerlos pensar, ¡unámonos con la mara, no nos peleemos entre nosotros, eso es lo que quiere el sistema! La mara todavía tiene arraigado lo de choleros”. Fernando Paz, antiguo líder y organizador de conciertos de rock pesado de la época.

“Era un pasatiempo, nos cayeron mal los breaks, además son pobres, son choleros, son guajos, entonces vamos a cachimbearlos, y ahí ha de haber empezado. Nosotros nada más seguimos lo que estaba poniéndose de moda (…) Recordate que ir a verguear breaks te ponía en una posición de ‘soy burgués’, te ponía en esa posición de ‘estoy de lado de los caqueros’”. Andrés Gómez, exestudiante del colegio Miguel de Cervantes.

Publicidad

“Una vez saliendo del Comercio, me agarraron unos anti-breaks burgueses y me pegaron una mi gran cumbia, yo iba pachuco (vestido con pantalones anchos) y los tipos eran chavos, como cuatro y se bajaron de un picop o carro, no me recuerdo bien, me gritaron ‘break culero’ y me dieron una gran cumbia”, Juan Suarez, exestudiante de la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales y participante en las protestas por el alza del transporte público.

También puedes leer
una forma de aprender historia sin que te duermas

“Varios de los ‘cazadores de breaks’ eran familiares de militares o de diputados, y cuando las peleas llegaron a niveles incontenibles y con uso de armamento pesado, se supo que estas acciones formaron parte de una estrategia de división dentro de las organizaciones estudiantiles de la educación pública. Algo que no fue muy conocido en aquel momento. Mientras, se asumía como peleas entre chavos sin oficio, donde, como siempre, los estereotipos prevalecían”. Mario Castañeda, en su ensayo Con los cuernos en alto: el rock y el metal en Guatemala Parte IV.

¿Dónde surgido el conflicto?

Escobar Urrutia se cuestiona en su tesis dónde había surgido tanto odio. Según la antropóloga existen dos versiones, la primera deriva de una enemistad ocasionada por los concursos de break dance, de los cuales los adolescentes de áreas populares empezaron a ganar, dejando en segundo lugar a los pioneros del excéntrico baile en el país, los jóvenes adinerados.

La otra versión apunta a los hijos de militares y políticos predominantemente de derecha que se encontraban involucrados en la guerra interna, por eso esos jóvenes tenían acceso a armas de fuego, vehículos y no ser intimidados por la autoridad.

La ideología antibreaks empezó a difundirse en la juventud de clases medias y urbanas del país, debido a eso en las famosas cacerías empezaron a integrarse más jóvenes hasta convertirse en enfrentamientos con cientos de estudiantes de institutos públicos y colegios privados.

Otro factor que contribuyó en el surgimiento de este fenómeno fue la migración del campo a la ciudad de la población indígena, motivados a movilizarse por el terremoto de 1976 y la guerra. La inclusión de los indígenas en ámbitos sociales como lo laboral y escolar, provocó resentimientos, actitudes racistas y clasistas por parte de la población ladina.

La masificación de la cultura estadounidense y europea en el país contribuyó en la negación de los jóvenes como indígenas o mestizos, por ello se llegó a fortalecer la ideología conservadora y autoritaria que prevaleció en esos tiempos.

Publicidad
Los Eastwood Rockers bailan breakdance en la acera / Foto: Eddie Barford, Nueva York, 1984.

Hasta la fecha estos crímenes juveniles se mantienen impunes. En ese entonces, debido a la guerra, era común encontrar cadáveres de jóvenes en sitios abandonados, pero por temor y las represalias, nadie preguntaba los motivos; solían asociarlo con la guerra.

 En los testimonios documentados en la tesis, se relata que las bandas antibreaks desaparecieron a inicios de noventa, que de los integrantes empezaron a involucrarse en el crimen organizado: “son gente que ahora secuestran, bandas de robacarros, narcos”.

La socióloga Ángeles Rubio y la doctora en ciencias de la información, Ángeles San Martín Pascal, explican en un ensayo sobre las subculturas juveniles publicado por el Instituto de la Juventud de España, que “cada subcultura comparte una ideología, como forma de entender la sociedad y sus conflictos, dando base a su existencia y como filosofía de vida: una posición frente a la diferencia sexual, económica o étnica, qué se piensa de las autoridades”.

El estreno de 1991 en Guatemala aún está por conocerse en los próximos meses, la cinta fue coproducida por La Casa de la Producción, reconocida por sus éxitos como Ixcanul y La Llorona. La trama principal aborda de forma más personal el fenómeno de las cacerías de breaks, contando la historia de Daniel, un joven humilde, cuyo talento en el futbol lo lleva a codearse con jóvenes de clase alta.

Escrito por:

#TePuedeGustar

Educación

El grooming es una forma de ciberacoso sexual en el que un adulto busca establecer relaciones de confianza con menores de edad, con el...

Columna

Honrar la memoria de un cura, y encima de un sacerdote jesuita, puede ser un descaro para este apóstata hereje que escribe, pero al...

Fototeca

“No fue el fuego”, la exposición transmedia organizada por la Agencia Ocote, dedicada al quinto aniversario de la tragedia ocurrida en el Hogar Seguro...

Medio Ambiente

Conoce a José Villatoro, el estudiante de 20 años que representará a Guatemala en la Cumbre Youth4Climate: Powering Action

Publicidad

Somos un laboratorio de periodismo que cumple funciones complementarias y de actualización del proceso de formación académica de las y los estudiantes de periodismo de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Edificio M2, 1r. Nivel. Ciudad Universitaria. zona 12. Guatemala, Guatemala. ©2022 -Todos los derechos reservados.

Cacerías de “breaks”: La violencia juvenil urbana en Guatemala en tiempos de guerra

 
Send this to a friend