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Opinión

El sueño del Gran Gatsby en las miradas de Fitzgerald y Luhrmann

Este 2024 celebramos 99 años de una novela que merece estar en todas las bibliotecas del mundo, y 11 años del estreno de su adaptación más reciente, ojalá haya más y mejores, el tiempo lo dirá. En 1974 hubo una con Robert Redford como Jay Gatsby, Mia Farrow encarnó a Daisy Buchanan y Bruce Dern a Tom Buchanan con guion de Francis Ford Coppola.

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Gabriel Arana

Una percepción superficial diría que El Gran Gatsby es una historia de amor imposible: esa lectura es simplista. Dale una oportunidad a la película y al libro, ambas tienen lo suyo y trataré de explicar por qué es un producto genial que encontrás en Amazon Prime.

La historia te envuelve porque te identificás con todos los personajes. La manera en que F. Scott Fitzgerald los imaginó, Baz Luhrmann los interpretó con una consigna: en realidad, nos enfrentamos a la cruda desilusión del sueño americano. El anhelo por una vida mejor palpita a través de las páginas del libro y se visualiza en cada escena de la película, es un espectáculo de desesperanza y desdicha que se adhiere a la retina y al alma del espectador y claro, para aderezar es que nos muestran la historia de amor, pero esa solo es una arista.

Baz Luhrmann no sólo revive la historia de Gatsby sino que la embellece y la ensalza en una orgía visual y sonora que trasciende el papel, querés ser parte de esa fiesta de excesos y locura y no por eso vulgar. En la cinta ves como todos van a la fiesta de la mansión de Gatsby pero nadie sabe lo que esconde, un “rico nuevo” que se aferra a la ilusión de una vida opulenta. La riqueza de los detalles visuales y la banda sonora contemporánea conforman un puente entre la era del jazz y nuestro presente digital –hay canciones actuales que riman con la cinta, aunque parezcan anacrónicas–, resaltando que, aunque las décadas pasen, los excesos y las tragedias humanas permanecen y la película nos permite confirmarlo.

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Fitzgerald fundió en la literatura universal la frase sobre la sonrisa de Gatsby y que magistralmente fue capturada por Leonardo DiCaprio, cuya actuación convierte al personaje en un icono de la esperanza perdida, de la belleza trágica de aspirar siempre a más. En la película nos dicen que a veces la vida no te dejará subir, por más que lo intentés, y cuando crees tenerlo todo, siempre faltará algo.

La magia de esta película radica en ver esta frase en la pantalla: “Me miró con comprensión, mucho más que con comprensión. Era una de esas raras sonrisas capaces de tranquilizarnos para toda la eternidad, que sólo encontramos cuatro o cinco veces en la vida. Aquella sonrisa se ofrecía —o parecía ofrecerse— al mundo entero y eterno, para luego concentrarse en ti, exclusivamente en ti, con una irresistible predisposición a tu favor. Te entendía hasta donde querías ser entendido, creía en ti como tú quisieras creer en ti mismo, y te garantizaba que la impresión que tenía de ti era la que, en tus mejores momentos, esperabas producir”. ¿Cómo no sentirse invencible? DiCaprio nos hace creer en Gatsby, en sus sueños y desventuras. Al igual que Tobey Maguire como Nick Carraway –quien dice la frase– nos lleva de la mano, a través de una narrativa que por momentos es en voz off que, lejos de ser un recurso barato, se convierte en nuestra brújula en este caos emocional y social.

En la película nos dicen que a veces la vida no te dejará subir, por más que lo intentés, y cuando crees tenerlo todo, siempre faltará algo.

Pero no es solo un festín para los ojos y el corazón; es un eco de la vida real, una bofetada de realidad envuelta en seda y champán en West Egg en la próspera Long Island, que más que paraíso parece una vitrina para el resto del mundo, una vida inalcanzable. Carey Mulligan y Joel Edgerton encarnan a Daisy y Tom Buchanan, seres que nos muestran cómo los ricos juegan con vidas y esperanzas sin despeinarse, siempre protegidos de las tormentas de la existencia por el dorado paraguas de su opulencia y su privilegio. Pero la obra nos muestra una venganza dulce, aquella de que “los ricos también lloran”… y se lamentan y maldicen… la vida es insatisfactoria, no importa la clase social.

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Por eso, esta película/libro es acerca del sueño americano y la ilusión que realmente es. Gatsby encontró una manera de triunfar según sus estándares, no nos queda claro cómo, pero se intuye que es a través de prácticas dudosas y amorales. DiCaprio nos lo dice en la mirada, esconde el secreto de la fortuna de Jay Gatsby y lo trasladó a la pantalla. La historia nos muestra que, sin un pasado, sin una “genealogía” que valide esa fortuna, jamás será parte de la cúpula social de la que quiere ser parte: los ricos están cabales y no aceptan solicitudes.

Por eso te propongo acercarte a la vida de Gatsby en el cálido West Egg, sentí los excesos de una época pasada y demasiado parecida a la nuestra. Fitzgerald lo escribió con una prosa que arde al leerla, una obra que nunca pudo superar porque estaba demasiado bien escrita y por tanto universal. Luhrmann nos lo mostró y a juzgar por sus últimas películas tampoco podrá superarla. Como sea, esta historia nos invita a ser menos severos con la imperfección humana, a aceptar la efímera naturaleza de nuestros triunfos y desastres. Recomiendo fervientemente leer el libro y ver la película, hay que hacerlo. En cualquier orden, el mensaje es claro y la ejecución, impecable. Y como última nota, recuerdo la canción «Young and Beautiful» de Lana del Rey, que parece cerrar el círculo, uniendo el pasado de Gatsby con nuestro eterno presente, recordándonos que, en palabras de Fitzgerald, estamos “… remando, como botes en contra de la corriente, llevados sin cesar hacia el pasado”.

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