- Sed, cansancio o dolor de cabeza pueden parecer molestias pasajeras, pero también señales de que el organismo está teniendo dificultades para responder en temperaturas elevadas.
Las temperaturas elevadas pueden afectar al organismo cuando este no logra compensar las condiciones del ambiente. La situación puede agravarse cuando se combina con actividad física, pérdida de líquidos o permanencia prolongada en lugares calurosos.
Según datos del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH), el altiplano central, incluido el departamento de Guatemala, puede registrar temperaturas máximas promedio de hasta 30 grados Celsius.
Cuando el malestar deja de ser normal
El doctor Luis Guzmán, médico general, explica que el cuerpo cuenta con mecanismos para mantener estable su temperatura, pero estos pueden verse afectados cuando la persona acumula calor y pierde líquidos.
“A veces pensamos que tener sed, sentir cansancio o dolor de cabeza es algo normal por el calor, pero son señales a las que debemos prestar atención. Si una persona empieza a sentirse así, lo mejor es que haga una pausa, tome agua y se aleje por un momento del calor”, subraya Guzmán.

La niñez y adultos mayores requieren especial atención, igual que quienes realizan actividades que demandan esfuerzo físico. En estos casos, las personas que los acompañan pueden ayudar a identificar cambios que el afectado quizá no reconozca de inmediato. El especialista también advierte que hay momentos que requieren una respuesta más rápida.
“Cuando vemos que la persona está confundida, vomita, presenta mucha debilidad o incluso cambia su comportamiento, tenemos que preocuparnos más. En esos casos no es recomendable que siga con la actividad; hay que llevarla a un lugar fresco y, si no mejora, buscar atención médica”, advierte el galeno.
Además de las condiciones térmicas, la radiación ultravioleta debe considerarse durante las actividades al aire libre, debido a sus efectos sobre la piel y los ojos.
Prevención, la clave
Patricia Véliz, representante del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), destaca que las medidas preventivas deben adoptarse a partir de las primeras molestias.

“Muchas veces esperamos a sentirnos mal para empezar a cuidarnos, y eso es lo que queremos evitar. Si sabemos que vamos a pasar varias horas con calor, es mejor llevar agua, hacer algunas pausas y buscar un lugar donde podamos descansar”, expresa.
La protección frente al sol también forma parte de estos cuidados. Ropa que cubra la piel, sombrero o gorra, lentes de sol y protector solar pueden ayudar a disminuir el contacto directo con la radiación.
Recomendaciones del Ministerio de Salud Pública para reducir los riesgos
- Mantener una hidratación adecuada: beber agua con frecuencia durante el día.
- Hacer pausas: descansar si ocurren cansancio, mareos u otras molestias.
- Buscar espacios frescos o con sombra: reducir el tiempo en ambientes calurosos cuando sea posible.
- Proteger la piel: utilizar ropa adecuada, sombrero o gorra y protector solar.
- Cuidar los ojos: utilizar lentes de sol adecuados durante la exposición.
- Prestar atención a las señales de alerta: especialmente cuando se presentan debilidad intensa, náuseas, confusión o cambios en el comportamiento.
- Vigilar a los grupos más vulnerables: acompañar especialmente a niños y adultos mayores durante las jornadas calurosas.