- Los murales y otras expresiones continúan ganando presencia como manifestaciones culturales dentro del paisaje de las ciudades.
Aunque para diversos sectores representan una herramienta artística y social que fortalece la identidad y recupera espacios públicos, otros todavía los asocian con vandalismo y deterioro urbano. El debate gira, principalmente, en torno a la diferencia entre arte urbano y pintadas consideradas como daños a la propiedad.
Artistas y especialistas sostienen que no toda intervención en la vía pública puede calificarse como vandalismo, ya que muchas poseen una intención artística, cultural o social. Los murales suelen abordar temas vinculados con memoria histórica, identidad, problemas sociales y cultura popular.
En contraste, el vandalismo es relacionado con pintadas sin planificación estética o acciones que afectan bienes públicos y privados. En la capital, la Dirección del Centro Histórico de la Municipalidad de Guatemala supervisa las intervenciones en áreas protegidas o de valor patrimonial.
Para ejecutar murales en estos espacios se requieren permisos, planificación y propuestas artísticas previas, ya que, de lo contrario, pueden ser consideradas deterioro urbano. El Ministerio de Cultura y Deportes (MCD), por medio de la Dirección de Fomento de las Artes, también impulsa la promoción y difusión de expresiones artísticas.
Además, la Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación, Decreto 26-97, establece sanciones para quienes alteren o dañen edificios históricos y bienes considerados patrimonio cultural.
El arte urbano en Guatemala también posee antecedentes históricos importantes. Entre las décadas de 1950 y 1970, espacios como el Centro Cívico incorporaron murales que pasaron a ser parte de la identidad visual y cultural del país.
Diversos tonos
Actualmente, colectivos y manifestaciones individuales siguen utilizando las calles como espacios de expresión. El muralista y artista visual Jorge Corleto, explica que en 2014 el Tribunal Supremo Electoral eliminó un mural del Colectivo Chucho Callejero en conmemoración de la democracia guatemalteca.

Según el artista, otra obra ubicada en el Teatro de Bellas Artes, dedicada a dramaturgos guatemaltecos, podría enfrentar un proceso similar. Para Corleto, el arte urbano funciona como una forma de expresar identidad colectiva y acercar el arte a la ciudadanía fuera de las galerías tradicionales.
A través del Colectivo Chucho Callejero, el artista sostiene que pintar en las calles no constituye una acción sin sentido, sino una manera de preservar memoria cultural y generar conexión con la población.
En ese sentido, el sociólogo Genaro Contreras señala que el arte urbano se ha convertido en un lenguaje alternativo utilizado especialmente por jóvenes para divulgar ideas y visibilizar problemas sociales. Apunta que, al encontrarse en espacios públicos y no en galerías o museos, estas expresiones son accesibles para cualquier persona y se adhieren a la vida cotidiana de las ciudades.
Datos del Sistema de Información Cultural reflejan la amplitud de las figuras artísticas en el país. Son 6 mil 761 artistas registrados y unos 5 mil elementos culturales documentados. Además, el SIC cuenta con unas 50 Casas de Desarrollo Cultural distribuidas en ocho regiones, con el objetivo de fortalecer el acceso comunitario al arte y al patrimonio cultural.
En los años recientes, instituciones públicas también han promovido el muralismo como herramienta de recuperación visual y cultural.
Al ojo del turista
Uno de los proyectos es Arte y Turismo: un país con más color, impulsado por el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), que durante 2023 permitió la creación unos 150 murales elaborados por artistas guatemaltecos en distintos departamentos.
La iniciativa busca transformar espacios estratégicos mediante el arte y, al mismo tiempo, brindar visibilidad a artistas nacionales en destinos turísticos. Diversos colectivos consideran que los murales ayudan a recuperar espacios deteriorados y fortalecen la relación entre arte y comunidad.
Sin embargo, los prejuicios hacia el arte urbano persisten, especialmente cuando las intervenciones son realizadas sin autorización. Mientras algunos sectores impulsan la apertura de más espacios para el muralismo y otras expresiones urbanas, hay posturas que plantean la necesidad de reforzar las regulaciones para proteger el orden público y el patrimonio cultural.
En medio de ese debate, el arte urbano continúa consolidándose como un punto donde convergen identidad, memoria y cultura dentro de las ciudades guatemaltecas.