- Durante octubre, la Basílica menor de nuestra señora del Rosario viste sus mejores galas.
La devoción a la virgen del Rosario en Guatemala ha acompañado a generaciones desde mediados del siglo XV, Su celebración fue impulsada con la llegada de los dominicos a la región y continuada por las distintas cofradías que organizan procesiones, peregrinaciones y actividades que se realizan durante octubre en el Templo de Santo Domingo o Basílica menor.
El historiador Fernando Urquizu explicó que la devoción a la virgen del Rosario llegó al antiguo Reino de Guatemala con los frailes dominicos, quienes empezaron a organizar celebraciones vinculadas al calendario litúrgico y utilizaron distintas actividades religiosas centradas en el rosario como parte de su labor de evangelización.
Asimismo, Aníbal Chajón señaló que desde mediados del siglo XVI el Rosario fue utilizado como una herramienta de evangelización no solo por los dominicos, sino también por los franciscanos y sacerdotes diocesanos, con el apunte de que en los primeros años la celebración no tenía una fecha específica.
Chajón explicó que la festividad quedó vinculada al 7 de octubre después de que el papa Pío V relacionara la victoria cristiana en la batalla de Lepanto, ocurrida en esa fecha de 1571, con las oraciones dirigidas a la Virgen. Posteriormente, la celebración se extendió en Guatemala.

Las cofradías extienden la tradición
“Las cofradías tuvieron un papel importante en la expansión de la devoción”, apuntó Urquizu, quien también expuso que en Santiago de los caballeros hubo diferentes cofradías vinculadas con la Virgen del Rosario y que algunas estaban organizadas de acuerdo con los distintos grupos sociales de la época, mestizos, indígenas, afrodescendientes, etcétera.
Estas organizaciones no se limitaban al cuidado de las imágenes religiosas, sino que también participaban en la preparación de las celebraciones y otras actividades vinculadas con la vida religiosa de las comunidades, remarcó el historiador.
Urquizu también señaló que los dominicos utilizaron prácticas como las danzas de moros y cristianos y el rezo del Rosario como parte de sus actividades de evangelización. Con el paso del tiempo, las cofradías se transformaron y dieron origen a nuevas organizaciones religiosas, mientras la devoción se extendió a distintas comunidades del país

La imagen de plata, terremotos y traslado
La historia de la devoción también está vinculada con la imagen de plata de Nuestra Señora del Rosario, que se conserva en la basílica. Chajón narró que la imagen creada a finales del siglo XV, permaneció en el templo de Santo Domingo de Santiago de Guatemala hasta los terremotos de Santa Marta de 1773, que dañaron considerablemente la estructura y la escultura. La imagen fue restaurada en 1774 por el platero Cornelio de Lara.
Después de los daños, la escultura quedó bajo el resguardo de Francisco de Nájera, administrador de la Real Audiencia, en cuya casa permaneció mientras avanzaba el traslado de la capital. En 1808, la imagen fue llevada al nuevo templo de Santo Domingo, en la Nueva Guatemala de la Asunción, mencionó el historiador.
El traslado permitió que la devoción continuara en la nueva capital. Aunque el lugar de veneración cambió, los rezos y las celebraciones vinculadas con la Virgen del Rosario permanecieron como parte de las prácticas religiosas de sus fieles.
“La imagen había sido coronada en el siglo XVII, pero vuelve a ser coronada en el año de 1932 con motivo del cuarto centenario de la llegada de los dominicos a Guatemala, con la llegada de Ubico la iglesia va a revestir con mayor pompa las celebraciones del mes de octubre, con le expansión del materialismo”, cerró Urquizu.

La celebración que se transforma
“Las celebraciones no han permanecido iguales, algunos elementos materiales y sociales de las fiestas han cambiado con el paso” mencionó Chajón al aludir que anteriormente las ceras representaban uno de los mayores gastos para iluminar los altares fueron sustituidas por iluminación. Los cambios de actividad incluso los alimentos que se ofrecen durante las festividades, la introducción de las garnachas, buñuelos y más.
Chajón amplió que la devoción también ha ido adaptando relación a momentos difíciles de la vida cotidiana, donde la imagen de la Virgen del Rosario ha sido considerada por los fieles como un refugio en momentos de crisis, problemas familiares, enfermedades, accidentes o dificultades económicas.
Fray Martín Illescas coincidió en que muchas personas llegan al templo para pedir, agradecer o encontrar tranquilidad. En la religión católica María es una intercesora ante Dios y no sustituye a Dios en la realización de milagros, explicó el religioso.

“Uno de los elementos que ha permitido la permanencia de la devoción es su transmisión dentro de las familias, los adultos han llevado a los niños a las procesiones, rezados y actividades relacionadas con la Virgen. Con el paso del tiempo esos niños se convierten en adultos que transmiten la misma practica a sus hijos”, enfatizó Chajón.
Vivian Mazariegos, jefa de una división de guardia del camarín de la Virgen, mencionó que muchas familias llegan durante todo el mes al templo, manteniendo esta tradición durante años. Destacó el trabajo que realizan dentro de la hermandad de la cofradía, encargándose de la elaboración de los adornos de las andas, de la decoración dentro del templo, y la organización de los visitantes de la Virgen del Rosario.
Illescas cerró con el comentario de que, en Santo Domingo, el mes del Rosario no se limita al 7 de octubre, pues durante los 31 días la basílica se convierte en punto de encuentro de quienes llegan a rezar, agradecer, pedir y mantener una tradición que ha pasado de una generación a otra.