- Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) representan un problema creciente en la población universitaria, pues el estrés académico, la falta de tiempo y la presión social influyen directamente entre los estudiantes y su relación con la comida.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), trastornos como la anorexia y la bulimia son afecciones mentales graves que alteran los hábitos alimenticios y la percepción corporal, con consecuencias tanto físicas como psicológicas.
Desde el enfoque nutricional, el especialista Kevin Josué Morales Orellana señala que la alimentación en estudiantes universitarios no se prioriza tanto, a pesar de ser clave para el funcionamiento del cuerpo y la mente. Resalta: “Si no hay una alimentación balanceada, la capacidad de aprendizaje se puede ver afectada”.
Entre los errores más comunes, destaca el consumo frecuente de comida rápida o “chatarra”, impulsado por la falta de tiempo.
Este tipo de alimentación, rica en grasas y azúcares, proporciona lo que denomina “energía vacía”, la cual deriva en fatiga, poca motivación y disminución del rendimiento académico.
Además, advierte sobre conductas de riesgo como saltarse comidas o adoptar dietas restrictivas, especialmente en contextos de estrés.

Impacto psicológico, más allá de la comida
La psicóloga Jeanette Morales enfatiza que los trastornos citados afectan profundamente la salud mental de los estudiantes.
Entre las principales consecuencias menciona alteraciones en la percepción personal, baja autoestima, ansiedad, depresión, irritabilidad y pensamientos obsesivos. “Hay una afectación emocional constante que puede llevar a estados de depresión o ansiedad”, afirma.
Asimismo, alude que estos trastornos suelen estar vinculados a conflictos emocionales no resueltos, como duelos, rupturas o problemas familiares.
En muchos casos, los propios estudiantes no reconocen el problema. “Normalmente es detectado por familiares cercanos, no por el paciente”, explica la especialista, lo que dificulta una intervención temprana.
Ambos profesionales coinciden en que existen señales claras que pueden alertar sobre la presencia de un trastorno alimentario en estudiantes.

Bajo rendimiento académico, fatiga constante e insomnio, pérdida de apetito o conductas restrictivas. problemas gástricos, cambios físicos como, caída del cabello o alteraciones en la piel, aislamiento emocional y desmotivación que, aunque visibles, muchas veces son normalizadas o ignoradas dentro del entorno universitario.
En esa línea, la OMS recomienda un abordaje integral que incluya atención médica, psicológica y nutricional. Por ello, los entrevistados subrayan la importancia de la educación y la organización del tiempo.
El nutricionista considera fundamental “adaptar la alimentación al estilo de vida”, mientras que la psicóloga enfatiza la necesidad de buscar ayuda profesional y promover el autocuidado.
Romper el silencio y buscar ayuda
Uno de los principales desafíos es la falta de información y prevención. La psicóloga advierte que existe “muy poca información” sobre estos trastornos, lo que dificulta su detección oportuna.
También coinciden en un mensaje de gran valor: buscar ayuda es fundamental. Ya sea a través de profesionales de la salud o fuentes confiables, dar el primer paso puede evitar complicaciones graves.