- Especialistas concuerdan en que las acciones tempranas contribuyen al adecuado desarrollo de la comunicación verbal y superar dificultades que afectan a la niñez.
El desarrollo del habla en los niños es un proceso clave que influye directamente en su aprendizaje, socialización y bienestar emocional. Sin embargo, muchos problemas del lenguaje no son detectados a tiempo, lo que puede generar consecuencias a largo plazo.
El pediatra Rafael Aguilar explica que el desarrollo del lenguaje comienza a evaluarse desde los primeros meses de vida, aunque se vuelve más evidente entre los 9 y 12 meses con el balbuceo, y entre los 18 y 24 meses, cuando el niño debería comenzar a decir palabras y combinarlas.
“Si un niño no balbucea a los 9 o 10 meses, no dice palabras entre los 15 y 18 meses o no forma frases a los 2 años, es importante acudir a un especialista”, señala.
Entre los signos de alarma resaltan la falta de respuesta al nombre, poco contacto visual, ausencia de balbuceo o dificultades para mover la boca y la lengua. También es preocupante la pérdida de habilidades que ya se habían adquirido.

Al respecto, La terapista de lenguaje, Nelly Rivera, apunta que, a partir de los dos años, se deben formar frases simples como “quiero agua” o “mamá, dame”.
Asimismo, explica que hay diferencias entre el habla y el lenguaje: el primero se refiere a la expresión oral, mientras que el segundo incluye la comprensión y la capacidad de estructurar ideas.
Factores de riesgo
Según Aguilar, algunos factores que pueden influir en lo descrito son la prematuridad, el bajo peso al nacer, antecedentes familiares, problemas auditivos, así como la falta de estimulación en casa.
Uno de los aspectos más relevantes en la actualidad es el uso excesivo de pantallas. “Antes de los dos años, las pantallas pueden afectar el desarrollo del lenguaje porque reducen la interacción directa con los adultos”, advierte el pediatra.
Además, existen condiciones médicas asociadas como trastornos del espectro autista, parálisis cerebral o síndromes genéticos.

De acuerdo con Rivera, las terapias de lenguaje pueden iniciarse desde los tres años cuando ya se identifican dificultades claras.
Estas suelen durar entre 30 y 45 minutos e incluyen evaluaciones, juegos y actividades adaptadas a cada niño, enfocadas en mejorar la pronunciación, comprensión y expresión. “El éxito depende mucho de la constancia y del apoyo de la familia”, enfatiza la especialista.
Recomendaciones oportunas
No atender estos problemas puede afectar no solo el habla, sino también el rendimiento escolar.
Los niños pueden presentar dificultades en la lectura y escritura, además de problemas emocionales como baja autoestima o aislamiento social. “Muchos niños dejan de participar en clase o evitan socializar por miedo a burlas”, explica Rivera.

Ambos entrevistados coinciden en que la estimulación en el hogar es fundamental. Hablar constantemente con los niños, leerles cuentos, jugar y nombrar objetos cotidianos son prácticas que fortalecen el lenguaje.
También recomiendan evitar errores comunes, como reforzar palabras mal pronunciadas por considerarlas “graciosas” o permitir que el niño se comunique solo con gestos.
“Es importante interactuar con ellos, hacerles preguntas y motivarlos a expresarse. La comunicación diaria es clave”, concluye Aguilar.