- La disciplina artística mantiene su valor como expresión de identidad cultural, aunque quienes la practican en Guatemala enfrentan limitaciones para su desarrollo profesional.
La danza folclórica y moderna en Guatemala continúa siendo una de las principales manifestaciones de identidad cultural; sin embargo, quienes se dedican a ella afrontan diversos desafíos que limitan su crecimiento, entre ellos la falta de apoyo, el acceso reducido de espacios y la escasa valoración social.
Más allá de su carácter artístico, esta expresión representa un medio para preservar tradiciones y transmitir conocimientos entre generaciones, lo que la convierte en un elemento clave del patrimonio cultural.
En ese sentido, el 29 de abril el mundo celebró el “Día internacional de la danza”, conmemoración que pasó con más sombras que reflectores.
Voces danzantes
La maestra y coreógrafa del Ballet Moderno y Folklórico Nacional de Guatemala, Ileana Flores, subrayó que la danza no solo implica técnica, sino también un compromiso con la identidad cultural.
“Promueve nuestra historia y lo que somos como guatemaltecos, pero muchas veces no se le da el valor que realmente merece”, expresó.

La experta apuntó que su trayectoria no ha estado exenta de dificultades, ya que desde sus inicios tuvo que enfrentar barreras sociales y familiares.
“Al principio no siempre se cuenta con el respaldo, porque muchas personas ven la danza como algo sin futuro, pero cuando es tu pasión, uno busca la manera de seguir adelante”, indicó
«Salir y aprender en otros contextos te abre la mente, pero también te hace valorar más lo que representa la cultura de tu país”, afirmó.
Recordó que su actualización la llevó a prepararse fuera Guatemala, donde tuvo la oportunidad de ampliar sus conocimientos y consolidar su carrera como maestra y coreógrafa.
Por su parte, la directora de Difusión de las Artes del Ministerio de Cultura y Deportes, Lucía Armas, manifestó que la danza cumple un papel importante en el desarrollo cultural del país.

“Es una disciplina fundamental; sin embargo, persisten limitaciones en cuanto al acceso a oportunidades y el fortalecimiento de espacios para los artistas”, aseveró.
Desde la experiencia de quienes se están en las aulas, la estudiante Lesbia Castañeda resaltó que el camino también conlleva barreras sociales y familiares.
“Muchas veces nos dicen que esto no es una carrera, pero para mí es una pasión y quiero seguir adelante”, afirmó.
Castañeda puntualizó que, además de las limitaciones económicas y la falta de espacios, los prejuicios influyen en que muchos jóvenes duden en continuar la ruta académica.
“Es difícil cuando no te apoyan, pero eso también te motiva a demostrar que, sí se puede”, aseguró.
En tanto que Flores sentenció: “Hay talento, hay pasión, pero faltan más oportunidades y lugares idóneos para que los artistas puedan desarrollarse”.
