Accidentes en motos impactan atención hospitalaria

Los accidentes de tránsito en Guatemala representan una crisis de salud pública, con motociclistas involucrados en el 53% de los incidentes según el ONSET. (Foto: CBV / AUN) Los accidentes de tránsito en Guatemala representan una crisis de salud pública, con motociclistas involucrados en el 53% de los incidentes según el ONSET. (Foto: CBV / AUN)
Los accidentes de tránsito en Guatemala representan una crisis de salud pública, con motociclistas involucrados en el 53% de los incidentes según el ONSET. (Foto: CBV / AUN)
  • Los datos reflejan un aumento en los percances de tránsito que involucran motociclistas, situación que deja personas fallecidas y lesionadas, así como complicaciones en los recursos de nosocomios.

De acuerdo con el Observatorio Nacional de Seguridad del Tránsito (ONSET) y el Boletín Estadístico de Seguridad Vial No. 4-2026, los hechos de tránsito registrados entre enero y abril de 2026 reflejan la creciente vulnerabilidad de los motociclistas, quienes encabezan la lista de involucrados al concentrar el 53 % del total suscitado en el país.

Con 2,535 incidentes la cifra supera ampliamente lo ocurrido con otros tipos de vehículos, como los automóviles, que registraron 854 equivalentes al 18 %; los camiones, con 398 casos alcanzan el 8 %; y las camionetas y pick ups, con 332 y 323, respectivamente, equivalen al 7 % cada uno.

Durante los primeros cuatro meses de 2026 hubo 2,151 personas lesionadas y 511 fallecidas en hechos de tránsito relacionados con motocicletas, cifras superiores a las del mismo período de 2025, cuando se reportaron 1,951 lesionados y 443 fallecidos de acuerdo con los datos oficiales.

El boletín estadístico refleja que, de 3,035 hechos de tránsito de enero a abril del 2026, el 63 % ocurrió en cascos urbanos o municipales mientras que el 37 % en rutas principales nacionales o centroamericanas. Carlos Fuentes, comisario general y jefe del Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil (PNC), explicó: “La mayor cantidad de accidentes de tránsito se da por colisiones y ahora se incrementa por derrapes, es decir, quienes van en la vía pública frenan bruscamente”.

Comisario General Carlos Enrique Fuentes López, jefe del Departamento de Tránsito de la Dirección General de la Policía Nacional Civil. (Foto: Mingob / AUN)

Aumento del parque vehicular

La pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión en la movilidad de los guatemaltecos. Según el mando policial, antes de la emergencia sanitaria, en 2019, el parque vehicular nacional rondaba los dos millones de unidades. Sin embargo, durante y después de esta emergencia, miles de personas optaron por adquirir vehículos de dos y cuatro ruedas como una opción de transporte, lo que derivó en un crecimiento acelerado y, en consecuencia, un alza en los hechos de tránsito.

Cifras de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) revelan que, al 31 de marzo de 2026, el parque vehicular del país ascendía a 6,630,798 unidades. De ese total, las motocicletas representan el 50.81 %, con 3,368,914. Le siguen los automóviles, con 958,992 vehículos, el 14.46%; las camionetas, camionetillas y paneles, con 934,708 representan el 14.10 %; y los pick-ups, con 861,321 unidades equivalen al 12.99 %. Estas cifras guardan relación con el análisis de siniestralidad vial elaborado ONSET, el cual muestra que las motocicletas no solo constituyen la mayor parte del parque vehicular nacional, sino que también encabezan la participación en los hechos de tránsito durante el primer trimestre de 2026.

Un millón y medio manejan sin licencia

Según información compartida por Maycom al Departamento de Tránsito de la PNC, un aproximado de 1.5 millones de conductores de motocicleta manejan sin licencia, “La persona que se conduce abordo de motocicletas siempre busca algo económico, en el caso del combustible que está elevado justifican que no pueden ir a sacar su licencia por el costo del certificado, costo del examen de la vista más los años que van a pagar a la empresa emisora”, detalló Fuentes.

También señaló que las conductas de riesgo que constantemente originan estos hechos viales son fallas humanas. La principal circunstancia es que los conductores carecen de experiencia para desplazarse en la vía pública y, en numerosos casos, manejan sin contar con licencia. A ello se suma la falta de mantenimiento preventivo de las motocicletas, circulación con neumáticos desgastados, sistemas de frenos en mal estado o sin verificar periódicamente el nivel del líquido de frenos.

Entre enero y abril de 2026, la falta de licencia para 1.5 millones de conductores y el mal estado de la infraestructura vial han elevado la siniestralidad, presionando el presupuesto del Hospital Roosevelt y el IGSS. (Foto: CBV / AUN)
Entre enero y abril de 2026, la falta de licencia para 1.5 millones de conductores y el mal estado de la infraestructura vial han elevado la siniestralidad, presionando el presupuesto del Hospital Roosevelt y el IGSS. (Foto: CBV / AUN)

La infraestructura vial figura como el tercer factor que influye en la siniestralidad. De acuerdo con el funcionario, la presencia de baches, el deterioro de las carreteras y la falta de señalización en determinados tramos contribuyen a la ocurrencia de accidentes, especialmente entre los motociclistas, quienes son más vulnerables ante cualquier obstáculo o irregularidad en la vía.

Problema de Salud Pública

El incremento de personas lesionadas en hechos de tránsito no solo representa un desafío para la seguridad vial, sino que también ejerce una creciente presión sobre el sistema de salud pública, que destina una parte importante de sus recursos a la atención de víctimas de accidentes.

Información recopilada por la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), a través de la Defensoría de las Personas Usuarias del Transporte Público, muestra que el Hospital Roosevelt destinó durante 2024 el 79 % de su presupuesto a la atención de pacientes lesionados en hechos de tránsito.

La Defensoría advierte que cada paciente de trauma debe afrontar un costo diario de Q1,500 en servicios generales y Q12,500 cuando es enviado a la Unidad de Cuidados Intensivos (CUI). Mientras que, en casos críticos como traumatismos craneoencefálicos por falta de uso de casco, pueden superar los Q100,00 o Q120,000 en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGGS), donde la rehabilitación puede costar Q20 mil adicionales por paciente.

A ello se suman los costos derivados de cirugías, medicamentos, terapias de rehabilitación y seguimiento especializado, lo que incrementa la carga financiera para el sistema de salud. Datos oficiales del Hospital Roosevelt indican que durante el 2024 fueron atendidas 4,897 personas en el área de Emergencia de Adultos y se reportaron 67 fallecimientos asociados a accidentes viales.

Estas emergencias viales no solo generan altos costos médicos diarios, sino secuelas físicas y psicológicas permanentes que transforman la vida de miles de guatemaltecos. (Foto: CBV / AUN)
Estas emergencias viales no solo generan altos costos médicos diarios, sino secuelas físicas y psicológicas permanentes que transforman la vida de miles de guatemaltecos. (Foto: CBV / AUN)

En la actualidad, en la Emergencia de Adultos del Hospital Roosevelt atienden diariamente entre 10 a 17 motoristas afectados por hechos de tránsito y hasta 20 cuando es quincena o fin de mes. Lo anterior causa que el Hospital Roosevelt destine la mayoría de su presupuesto para la atención de hechos viales debido a que un paciente puede representar un costo de entre Q5 mil a Q250 mil al día.

La gravedad de las lesiones requiere, en algunos casos, tratamientos prolongados y procedimientos quirúrgicos de alta complejidad que solo pueden realizarse en un número reducido de centros hospitalarios del país, entre ellos el Hospital Roosevelt. Sharon Ávila, comunicadora y portavoz de este lugar, explicó que, aunque muchos pacientes reciben el alta médica entre seis y siete meses después del percance, su recuperación integral puede prolongarse durante años, ya que requieren procesos continuos de fisioterapia, medicina física y rehabilitación especializada.

Los accidentes de tránsito constituyen un problema de salud pública que es 100% prevenible mediante una conducción responsable tanto de motociclistas como de automovilistas, aseguró Ávila, “No es como el cáncer, enfermedad con una patología hereditaria o a otras causas ajenas a la persona afectada”, agregó.

Lesiones que cambian la vida

Dos años después de sufrir un accidente en motocicleta, Sandra Medina aún enfrenta las secuelas físicas que marcaron su vida. Una fractura de rótula y una lesión en la columna que le dificultan caminar y realizar actividades cotidianas, pese a los tratamientos recibidos. Medina relató que, luego del accidente, no presentó molestias inmediatas y acudió al Hospital General San Juan de Dios a los tres días, cuando comenzó a experimentar fiebre y un intenso malestar, «No me sentía mal el día del accidente. Busqué atención tres días después porque empecé a tener fiebre y me dijeron que tenía una inflamación crónica en todo el cuerpo. No me hicieron una evaluación médica, solo me dieron medicamento», recordó.

Durante los siguientes nueve meses tuvo cuidados en ese centro asistencial; sin embargo, al no encontrar una mejoría decidió acudir a un hospital privado. Allí fue sometida a seis meses de fisioterapia y tratamiento farmacológico, pero el dolor persistió y la inflamación en ambas rodillas reaparecía cada vez que realiza algún esfuerzo físico. Actualmente, la única opción para mejorar su condición es una intervención quirúrgica. No obstante, ha pospuesto el procedimiento debido al elevado costo que representa en un centro privado y al temor de que los resultados no sean los esperados.

La psicóloga Monica Mayora señala que la atención en salud mental es un procedimiento pendiente en el proceso de recuperación luego de un accidente vial. (Foto: Cortesía / AUN)
La psicóloga Monica Mayora señala que la atención en salud mental es un procedimiento pendiente en el proceso de recuperación luego de un accidente vial. (Foto: Cortesía / AUN)

A diferencia de muchos casos asociados a imprudencias, Medina afirmó que el accidente ocurrió mientras ella y su esposo cumplían con las medidas de seguridad recomendadas. Ambos utilizaban casco, rodilleras y guantes, y la motocicleta estaba en buenas condiciones mecánicas. El percance fue en la carretera que conduce a Mataquescuintla, cuando cayeron en un bache de grandes dimensiones. Participaban junto a otras personas en un recorrido hacia una jornada de reforestación. «Esa carretera tenía unos grandes agujeros y caímos en uno grande donde cupo la mitad de la moto; no circulábamos a alta velocidad», relató.

El impacto emocional tras sobrevivir

Más allá de las lesiones físicas, las secuelas psicológicas representan otro de los grandes desafíos para quienes sobreviven a un accidente de tránsito. La psicóloga clínica Mónica Mayorga explicó que el acompañamiento profesional es fundamental para ayudar a las víctimas y sus familias a procesar el trauma, adaptarse a los cambios físicos y emocionales y disminuir el riesgo de trastornos mentales más severos.

La especialista señaló que las consecuencias emocionales varían según la gravedad del accidente, las lesiones, los antecedentes de salud mental, el apoyo familiar y el acceso a tratamientos. Entre las afecciones más frecuentes figuran el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad, la depresión, el miedo a volver a conducir, los problemas de sueño, la irritabilidad y las alteraciones en la autoestima, especialmente cuando existen discapacidades o cicatrices permanentes.

Mayorga enfatizó que una discapacidad adquirida implica un proceso de duelo y adaptación a una nueva realidad, marcada por cambios en la vida familiar, laboral y social, “Desde la psicología es importante recordar que después de un accidente no solo se rehabilita el cuerpo, sino que también se necesita atender el impacto emocional que deja una experiencia de esta magnitud porque puede cambiar la percepción de seguridad, el control y el futuro de una persona y de todo su entorno”, destacó.

(Infografía: Jessica Chan / AUN)
(Infografía: Jessica Chan / AUN)
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