- No solo impacta el presente, sino que influye en su desarrollo por medio de actividades y el acompañamiento familiar, indican quienes destacan aprendizaje, comunicación y seguridad emocional.
La estimulación temprana se ha convertido en una herramienta clave para fortalecer el desarrollo integral de la niñez, especialmente en sus primeros años.
Según explicó Gabriela Boj, licenciada en Administración Educativa y coordinadora del programa Acompáñame a Crecer, este proceso no solo favorece el crecimiento, sino que tiene efectos a largo plazo en distintas áreas.
“El desarrollo es cognitivo, emocional y también social. Todo lo que la persona experimenta en esta etapa le servirá más adelante”, señaló.
Además, resaltó que durante la infancia el cerebro tiene una alta capacidad para aprender, lo que permite habilidades como el lenguaje, la motricidad y la interacción con el entorno.

Las actividades de estimulación no requieren recursos complejos. Desde masajes en bebés, juegos con objetos de colores o el uso de distintas texturas, hasta ejercicios de movimiento forman parte del proceso.
Boj también enfatizó la importancia de hablarles correctamente a los niños, evitando el uso excesivo de diminutivos, ya que esto influye en el desarrollo del lenguaje.
Por su parte, Lidia Xiquín, maestra con formación en atención social para la primera infancia, destacó que la estimulación debe adaptarse a cada etapa.
En los primeros meses, el contacto físico y sensorial es fundamental; mientras que, conforme se crece, se incorporan dinámicas que promueven el movimiento, el equilibrio y la independencia, como caminar, saltar o reconocer objetos.

Ejemplos palpables
Uno de los casos que evidencia el impacto de estas prácticas es el de una niña que presentaba dificultades auditivas en el oído derecho.
Gracias a ejercicios constantes como hablarle de ese lado, estimularla con sonidos y reforzar la comunicación, la menor logró mejorar su capacidad de respuesta auditiva con el tiempo.
Este avance fue posible por el trabajo conjunto entre la educadora y la madre.
Boj y Ñiquén coinciden en que el papel de la familia es fundamental. No se trata de dedicar largas horas, sino de aprovechar espacios cortos con calidad.
“Con 10 o 15 minutos al día es suficiente si se hace de forma constante”, afirmó la segunda profesional.

Sin embargo, uno de los principales desafíos ha sido cambiar prácticas arraigadas en algunas comunidades, donde no se promovía el contacto, el juego o la comunicación con los bebés.
Con el tiempo, estas limitaciones han ido transformándose, con mayor participación de las familias y mejores resultados.
Incluso, los beneficios se reflejan en el ámbito escolar. Niños y niñas que han pasado por procesos de estimulación temprana suelen adaptarse con mayor facilidad, seguir instrucciones y participar activamente en clase, en comparación con quienes no han tenido ese acompañamiento.
La estimulación temprana demuestra que no se necesitan grandes recursos para generar cambios significativos.
Con tiempo, dedicación y acompañamiento familiar, es posible fortalecer las habilidades de los niños y brindarles mejores oportunidades para su futuro, concuerdan las entrevistadas.