- Llevar dos actividades diarias de alta exigencia, como los estudios y las responsabilidades laborales pueden causar daños en la salud física y mental.
Cumplir jornadas laborales, asistir a clases y responder a múltiples responsabilidades académicas es una rutina exigente para estudiantes universitarios. La combinación de estudio y trabajo no solo requiere disciplina, también incrementa los niveles de estrés y afecta la salud mental y el rendimiento en ambas áreas.
En Guatemala, el estrés académico está presente en la población universitaria. Según González-Aguilar (2024) en un estudio sobre estrés académico en estudiantes de la Universidad de San Carlos, evidenció que el 15.83 % de sancarlistas muestra niveles altos, mientras que el 66.55 % se encuentra en un nivel moderado, lo que sugiere un grado de presión constante en la vida estudiantil.
Según la psicóloga Andrea Ibarra, el estrés canaliza una respuesta emocional, cognitiva y física que aparece cuando las demandas del entorno educativo superan los recursos personales del estudiante para afrontarlas.
Este fenómeno se manifiesta con ansiedad, dificultad para concentrarse, irritabilidad, cansancio constante y problemas de sueño. Además, se ha identificado que los estudiantes que trabajan presentan una mayor probabilidad de experimentar altos niveles de estrés debido a la acumulación de responsabilidades y la reducción del tiempo de descanso.
Diversos estudios señalan que la combinación de trabajo y estudio eleva el riesgo de agotamiento físico y emocional, especialmente cuando no hay equilibrio entre ambas actividades. La falta de organización del tiempo y la sobrecarga de tareas son factores que contribuyen significativamente a esta problemática.
Impacto e incidencia
Desde el ámbito laboral, la psicóloga María Donis indica que lo descrito impacta en el desempeño, ya que muchos estudiantes enfrentan fatiga acumulada, lo que puede inducir a errores, disminución de la productividad y dificultades para mantener la concentración.

En esta misma línea, durante una plática virtual sobre manejo del estrés impartida por el área de psicología de la Universidad de San Carlos de Guatemala, se explicó que el estrés no siempre es negativo. Existe una forma positiva, conocida como eustrés, que puede motivar a las personas a alcanzar metas, pero cuando se vuelve constante o descontrolado, puede tener efectos perjudiciales.
Entre las principales consecuencias del estrés prolongado están problemas cardíacos, digestivos e inmunológicos, así como trastornos emocionales como ansiedad y depresión. Estos efectos pueden impactar no solo el rendimiento académico, sino también la calidad de vida de los estudiantes.
Dado este panorama, especialistas recomiendan implementar acciones para el manejo del estrés, como la organización del tiempo mediante listas de pendientes, la división de tareas y el establecimiento de prioridades. Asimismo, destacan la importancia de evitar la procrastinación y distribuir adecuadamente las responsabilidades.
También se promueven técnicas de relajación como la respiración consciente, la “respiración mariposa”, el mindfulness y la meditación, herramientas que pueden contribuir a reducir los niveles de estrés en momentos de alta presión.
El descanso adecuado es otro factor clave. Las entrevistadas coinciden en que una persona que no cuida su sueño no logra rendir de manera óptima, lo que incrementa la irritabilidad y agrava los niveles de estrés.
Por ello, Ibarra enfatiza que reconocer el agotamiento no es un signo de debilidad, sino una señal de que es necesario hacer ajustes. “Buscar apoyo, reorganizar prioridades y cuidar el bienestar personal es fundamental para mantener un equilibrio entre el estudio y el trabajo”, afirmó.