- La salud mental en Guatemala enfrenta graves barreras por la falta de psicólogos, el estigma social y un presupuesto limitado.
Barreras como el estigma social, los bajos ingresos de la población y la centralización del sistema de atención limitan el acceso a servicios de salud mental, explican expertos.
De acuerdo con Gabriel Morales, consultor nacional de salud mental para la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Guatemala, el país aún enfrenta grandes brechas en cobertura y recursos humanos.
Actualmente, existen 239 psicólogos en atención primaria para más de 340 municipios, lo que deja a más de 100 sin acceso a estos servicios.
Según Morales, solo el 2 % del presupuesto del Ministerio de Salud se destina a salud mental, y el 90 % de ese monto se concentra en el Hospital Nacional de Salud Mental Federico Mora.
El consultor recalca que el modelo de atención busca fortalecerse desde el primer nivel y acercarse a las comunidades, sin embargo, la falta de inversión sigue siendo una limitante clave.
Esta centralización del servicio obliga a muchos pacientes a trasladarse desde el interior del país hacia la capital, incrementando los costos de acceso.
Luz María Cruz, psicóloga clínica y cofundadora de Jolú de Guatemala, precisa que el gasto en transporte puede ser motivo suficiente para abandonar el tratamiento.
“No es que no quieran atenderse, realmente no pueden, muchas personas dejan el tratamiento por no tener Q 25 para el pasaje”, señaló Cruz.
El modelo de atención está diseñado para funcionar por niveles, inicia por atención primaria hasta hospitales especializados, sin embargo, su implementación es desigual.
El psicólogo Selvin Chen, del Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), explicó que el programa tiene un rol normativo, pero no puede obligar a las Direcciones de Redes Integradas de Servicios de Salud (DRIS) a contratar personal o ejecutar programas.
“Nosotros generamos lineamientos, pero las decisiones operativas dependen de cada DRIS”, indicó Chen.
El psicólogo preció que esto provoca desigualdades en las distintas regiones ya que en algunos departamentos, un solo profesional debe cubrir varios municipios, lo que reduce la capacidad de atención y seguimiento.
El estigma
Además de las barreras económicas y de accesibilidad, el estigma social continúa siendo un obstáculo determinante.
Morales precisó que muchas personas asocian la atención psicológica con la locura, lo que retrasa o impide la búsqueda de ayuda.
“En comunidades rurales se prefiere acudir primero a líderes religiosos o guías espirituales antes que a servicios de salud”, indicó el especialista.
A esto se suma un componente cultural ya que Chen, del MSPAS, puntualizó que persiste una visión machista que desalienta a los hombres a buscar apoyo emocional.
“Existe la idea de que el hombre tiene que aguantar y que ir al psicólogo es para mujeres”, explicó el experto.
Organizaciones como Jolú de Guatemala han apostado por estrategias comunitarias y digitales para reducir el estigma.
Buscan generar espacios seguros donde las personas puedan hablar de su salud mental sin miedo a ser juzgadas por medio de atención psicológica en línea y campañas de sensibilización.
“El estigma no solo limita el acceso, sino que retrasa la atención hasta etapas más críticas”, destaca Cruz
Esta problemática también es discutida en el Congreso de la República con la iniciativa número 6537, Ley de Atención Integral de la Salud Mental, la cual se encuentra agendada para primera lectura.
Sus ponentes la presentan como una propuesta para garantizar una atención integral, accesible, digna y basada en derechos humanos.
A pesar de eso, expertos advierten que la iniciativa mantiene un enfoque predominantemente clínico, centrado en la atención de los trastornos, y deja en segundo plano la construcción de un modelo preventivo y comunitario.