- Aunque los agroquímicos sirven para mejorar la producción a partir del control de enemigos naturales, el uso indiscriminado o sin los cuidados del caso genera efectos adversos.
Los plaguicidas ampliamente utilizados en la agricultura son sustancias diseñadas para prevenir, destruir o controlar plagas que generan problemas de salud pública y ambientales. A pesar de contribuir a mejorar la producción y a reducir el impacto económico de las pérdidas causadas por plagas, su uso generalizado representa una amenaza para los seres humanos.
Eugenia Cáceres, ingeniera agrónoma del departamento de regulaciones sanitarias del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), explica que los plaguicidas pueden ingresar en el cuerpo a través de la nariz, la boca, los ojos y la piel, este último el órgano con mayor contacto con los pesticidas por absorción dérmica.
Añade que el sistema nervioso central es el más afectado por los plaguicidas y que pueden tener efectos de salud a corto plazo como irritación de la piel, coloración rojiza de los ojos, mareos, vómitos y pérdida del conocimiento si la dosis utilizada es mayor a la recomendada en la etiqueta del producto.

“Según estudios realizados, a los niños les afecta el sistema inmunológico, el cerebro y el desarrollo en el crecimiento por el consumo de alimentos contaminados; esto pasa cuando no hay supervisión de la calidad del agua que utilizan en el riego de alimentos o de las plantas que se producen. Además, en mujeres embarazadas puede afectar el desarrollo del feto”, menciona la experta.
Asimismo, recomienda solicitar información al agrónomo o ejecutivo de comercialización del producto en el agro servicio, sobre la época de aplicación, hora, dirección del viento, en caso de intoxicación en el campo o en la casa de habitación, no inducir al vómito y llamar inmediatamente al médico, no guardar los pesticidas cerca de la cocina o dormitorios, verificar fecha de elaboración y vencimiento, monitoreo constante del uso según la época de cosecha y siembra, además de analizar si es económicamente necesario aplicarlo.
En este contexto, la cartera definió estrictos controles de registro sanitario, normativas de etiquetado, licencias para distribuidoras y la vigilancia epidemiológica de intoxicaciones. Los plaguicidas pueden tener profundos efectos negativos no solo en la salud sino también en el medio ambiente, particularmente en la biodiversidad, cuando se aplican a los campos agrícolas.

Al respecto, Cecilia Hércules, encargada del Viceministerio de Sanidad Agropecuaria y Regulaciones (VISAR), los plaguicidas pueden permanecer décadas en el medio ambiente, lo que lleva a la contaminación de ríos, lagos y océanos, alterando así los ecosistemas acuáticos.
Además, la bioacumulación de pesticidas en la cadena alimentaria representa un riesgo para niveles tróficos más altos, incluidos las aves y los mamíferos que dependen de los organismos acuáticos para alimentarse.
En ese marco, el epidemiólogo del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), Raúl Soto, destacó que los pesticidas pueden matar no solo a plagas dirigidas, sino también a insectos polinizadores beneficiosos como las abejas y mariposas. La disminución de estas especies cruciales puede conducir a una reducción de la polinización, que es vital para muchos cultivos y plantas silvestres.

“La pérdida de biodiversidad debilita la fuerza de los ecosistemas, haciéndolos menos capaces de hacer frente a los cambios ambientales y más susceptibles a enfermedades y plagas”, subrayó Soto.
Efectos a largo plazo
El uso de pesticidas puede conducir a cambios en la composición de las especies y en el dominio en los ecosistemas a medida que las especies de plagas resistentes proliferan mientras sus enemigos naturales disminuyen, creando así desequilibrio ecológico y efectos adversos en la salud y estabilidad del ecosistema.
Aunque los plaguicidas pueden mejorar la productividad agrícola a corto plazo, sus efectos a largo plazo pueden socavar la sostenibilidad de las prácticas agrícolas. El MAGA recomienda la utilización de plaguicidas orgánicos como una opción natural, económica y amigable con el ambiente para el cuidado de huertos y cultivos familiares, elaborados con base en plantas y productos de uso común.