- Especialistas señalan que el enfoque en la sociedad es tratar problemas y no prevenirlos lo cual agudiza la crisis de salud mental.
María Noj, de 27 años, quien padece una enfermedad mental tuvo que ser encerrada en su propia casa durante sus momentos más críticos, su familia tomó esta decisión ante la imposibilidad de poder brindarle tratamiento médico adecuado.
Sus síntomas comenzaron luego de una ruptura amorosa y el confinamiento por la pandemia del Covid-19, dormía durante el día, perdía la noción del tiempo y presentaba episodios de paranoia y agresividad, los cuales fueron empeorando con el pasar del tiempo.
En Santiago Atitlán, Sololá, de donde es originaria la joven, solo hay un psicólogo y las consultas privadas eran inaccesibles de costear para la familia, por lo que debían viajar a otros departamentos en busca de atención profesional, pero los costos se salían del presupuesto familiar.
Finalmente, encontraron tratamiento gratuito en el Hospital Federico Mora, ubicado en la capital, sin embargo, surgió otro problema para la familia: enfrentaron el rechazo de sus vecinos por tener a un paciente psiquiátrico.
“Le gritaban loca, eso parte el alma. Solo quien vive esto puede entenderlo”, cuenta la madre de María, mientras espera que su hija sea atendida en el centro asistencial.
Según datos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), 34,178 guatemaltecos fueron diagnosticados con un trastorno mental en 2023, de ellos, cerca del 40 % eran menores de 19 años.

Los diagnósticos más comunes fueron depresión, ansiedad y adicción al consumo de sustancias.
Además, los datos del MSPAS, señalan que el 57 % de los suicidios reportados en 2022 involucran a personas entre los 11 y 30 años.
En Guatemala, la salud mental no solo enfrenta limitaciones de acceso, sino una barrera de estigma.
Sociedad los ve con vergüenza
Para la psicóloga clínica Luz María Cruz, cofundadora de JoLu de Guatemala, los trastornos mentales siguen siendo vistos como una debilidad, con exageración y con vergüenza.
El miedo al rechazo es una de las principales razones por las que las personas no buscan ayuda, explica Cruz, quien precisa que “no es que no quieran atención, es que tienen miedo a ser juzgadas”.
La especialista precisa que durante el trabajo de JoLu de Guatemala en Quiché, ha documentado casos de ideación suicida en niños, “el caso de un menor de ocho años es la persona más joven registrada”.

Explica que en 2016 “una serie de suicidios de jóvenes en Nebaj evidenció la falta de comprensión sobre la salud mental en las comunidades”.
“Muchos padres no sabían reconocer la ideación suicida. La confunden con berrinches”, comenta Cruz.
En comunidades mayas, la salud mental y la diversidad sexual siguen siendo temas que se prefiere no discutir.
Cruz comparte que jóvenes de la comunidad Lesbiana, Gay, Bisexual y Transgénero (LGBT+) afrontan un doble estigma, “primero por su identidad y segundo por su estado emocional”.
La psicóloga señala que la falta de espacios para el diálogo termina afectándoles psicológica y socialmente y que las secuelas del conflicto armado interno también inducen al silencio.
“Muchas familias que vivieron la violencia normalizaron el sufrimiento como parte de la vida. Hoy, esa experiencia influye en cómo perciben los problemas emocionales de las nuevas generaciones”, explica la experta.

Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental, señala que esta realidad también responde a cómo se ha construido el sistema de salud mental en el país.
Garavito precisa que la psicología “creció con un enfoque clínico, centrado en la enfermedad, por lo que el foco está en tratar el problema y no en prevenirlo”.
El director afirma que la salud mental no es solo un tema médico, sino un tema humano y que “muchas de estas problemáticas podrían abordarse antes de convertirse en crisis, sin embargo, se excluye a las familias y comunidades para abordar la prevención”.
El especialista menciona que “lastimosamente” solamente en las afueras del único hospital público de salud mental del país, los familiares de los pacientes se reúnen y “parece ser el único lugar donde convivir con personas en su misma situación derriba el miedo a ser señalados con etiquetas”.