- Un albañil retirado recuerda los años que dedicó a construir viviendas y reflexiona sobre el valor de un oficio vinculado con cada lugar habitado.
Durante 50 años, sus manos mezclaron cemento, levantaron paredes y construyeron hogares. Hoy, retirado debido a la edad de 87 años y los problemas de salud, Hilario González recuerda con orgullo las viviendas que ayudó a construir, incluida la casa donde vive con su familia.
Aunque ya no trabaja como antes y reconoce que el paso del tiempo le ocasionó desgaste físico en su cuerpo, los espacios en que participó continúan en pie. En cada pared y cada residencia permanece el esfuerzo, su historia y el legado que dejó.
En esta entrevista comparte recuerdos, satisfacciones y aprendizajes de la albañilería, un oficio que considera poco valorado pese al esfuerzo que requiere.
¿Cuántas casas logró construir en su colonia?
Completamente construidas, ocho casas, pero también trabajé muchos cimientos y segundos niveles. Si se cuentan todos esos trabajos, fueron aproximadamente unas dieciséis. Algunas las hice desde abajo y otras las fui construyendo poco a poco, dependiendo de cómo las familias podían continuar construyendo.
¿Qué significa para usted haber construido la casa donde vive su familia?
Para mí significa felicidad. Esta casa representa muchos años de trabajo y esfuerzo. Aquí viven mis hijos y mi familia, y eso me hace sentir contento porque todo lo que hice fue pensado en ellos y en que tuvieran un lugar donde vivir en paz y armonía. Cuando veo esta casa, siento que todo el cansancio y los años de trabajo valieron la pena.

¿Y de los otros techos en que participó?
Siento satisfacción porque sé que hice bien mi trabajo. Gracias a Dios nunca tuve problemas y eso me deja tranquilo. A veces paso viendo algunas viviendas y pienso que todavía siguen ahí gracias al esfuerzo que uno hizo durante tantos años. Es bonito saber que muchas familias continúan viviendo en lugares que uno ayudó a levantar con sus propias manos.
¿Hubo momentos duros o difíciles?
Lo más duro fue sentir que ya no podía moverme igual que antes. Cuando uno es joven tiene energía y fuerza para trabajar todo el día, pero con el tiempo, el cuerpo cambia. Eso fue lo que más me dolió de dejar el trabajo, porque ya no podía desenvolverme como antes y entendí que había llegado la hora de descansar.
Después de tantos años trabajando, ¿dónde están las mayores dolencias?
En mis rodillas. Es en ellas donde más siento el desgaste de tantos años trabajando en construcción, cargando materiales, estando de rodillas y pasando largas horas de pie.
¿Considera que las personas valoran el trabajo de albañilería?
No siempre. Muchas personas piensan que no es un trabajo pesado, pero lo es. Hay mucho cansancio y desgaste físico. Lo que pasa es que a uno le gustaba el trabajo y por eso seguía adelante. Pero sí creo que muchas veces la gente no valora el esfuerzo que conlleva construir una casa.

¿Cuál es su sensación al saber que muchas familias crecieron en hogares construidos por usted?
Me siento feliz porque veo que mi esfuerzo no fue en vano. A veces veo a las personas que crecieron en esas casas y recuerdo cuando todavía eran niñas o niños. Tal vez ya no me reconocen, pero sé que siguen viviendo en lugares que ayudé a construir y eso me llena de mucho orgullo.
Cuando piensa en su vida y en todo lo que construyó, ¿de qué se siente más orgulloso?
Me siento orgulloso de haber llegado a esta edad sabiendo que siempre trabajé responsablemente. Nunca tuve problemas con nadie por mi trabajo y nadie vino a reclamarme nada. Eso significa mucho para mí porque quiere decir que siempre traté de hacer las cosas bien y dejar un buen trabajo en cada lugar que pisé.