- Mientras la entidad rectora asegura que se revisa la ruta para dar viabilidad a lo trazado, expertos resaltan que hay fallas de origen.
El Plan Nacional de Desarrollo K’atun, establece las principales prioridades de desarrollo para Guatemala y se encuentra en un proceso de actualización que busca proyectar sus objetivos hacia 2052. El proceso está a cargo de la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (SEGEPLAN), que revisa las metas pendientes y los cambios necesarios para responder a las nuevas necesidades del país.
Según el Departamento de Comunicación de dicha instancia, la evaluación del K’atun 2032 muestra avances en algunos de sus ejes, pero también metas con poco progreso y brechas en áreas como bienestar social, salud, desarrollo económico, recursos naturales y fortalecimiento del Estado.
Para la actualización del K’atun 2052, SEGEPLAN plantea fortalecer la relación entre planificación, presupuesto y gestión por resultados, además de establecer metas con indicadores medibles, responsables y mecanismos de seguimiento y evaluación. El proceso también contempla consultas ciudadanas, territoriales y sectoriales para definir una visión de desarrollo que responda a las necesidades actuales y permita establecer prioridades para las próximas décadas, detalló el Departamento de Comunicación.

Continuidad y presupuesto, los desafíos
El politólogo Ricardo Barreno Arriaza señaló que la actualización del plan permite retomar la discusión sobre las prioridades de desarrollo. “Actualizarlo es reabrir la conversación sobre qué país queremos y para quién. Un plan de largo plazo es, en el fondo, un pacto sobre prioridades: a quién se atiende primero, qué se protege y qué se posterga”, mencionó.
Para Barreno la falta de vinculación obligatoria, discontinuidad y cortoplacismo de las políticas públicas, un presupuesto que no refleja las metas y la debilidad institucional fueron algunos de los factores políticos que dificultaron el cumplimiento de las metas plantadas por el K’atun 2032.
“La participación es condición de eficacia. Un plan que no es sentido como propio no se defiende, y un plan que no se defiende no sobrevive a un cambio de gobierno”, resaltó.
Para que la actualización pueda cumplirse, Barreno consideró necesario vincular el plan con el presupuesto mediante programas multianuales con recursos asignados. También planteó la necesidad de fortalecer la capacidad de ejecución del Estado, establecer una rectoría clara con respaldo político y contar con indicadores, metas por período y mecanismos periódicos de rendición de cuentas.

El analista también consideró necesario priorizar con realismo, concentrando los esfuerzos en un número reducido de metas que tengan impacto en la población, particularmente en áreas como niñez, educación, salud y empleo digno. A esto añadió la necesidad de vincular el plan con el presupuesto y la planificación institucional, establecer consecuencias por incumplimiento, implementar un sistema de seguimiento independiente y público, y fortalecer las instituciones y las medidas contra la corrupción.
El reto de llevar el K’atun del papel a la práctica
El analista político Luis Fernando Mack consideró que la actualización es importante como una ruta de desarrollo para el país, pero advierte que su principal dificultad ha sido trasladar sus objetivos del papel a la práctica. “En papel un plan de desarrollo de esas características es sumamente importante porque lo que pretende hacer el K’atun, en su primera versión y ahora en el segundo, es más o menos marcar una ruta de país y establecer políticas públicas”, señaló.
Mack cuestionó la capacidad institucional del Estado para ejecutar las metas planteadas y apuntó que existen políticas públicas que permanecen únicamente en documentos, sin mecanismos adecuados para evaluar sus avances. En ese sentido, planteó que el nuevo plan debería ser más operativo y que las políticas sean validadas a partir de las necesidades e intereses de los distintos sectores.

Para Mack es importante mejorar el diseño del Estado, una reforma profunda donde el estado este armonizado, mecanismos efectivos de coordinación entre instituciones. Por último, la necesidad de garantizar una asignación presupuestaria que permita a las entidades responsables ejecutar las políticas y cumplir con las metas establecidas.
Respecto al proceso de participación ciudadana contemplado para la actualización del K’atun 2052, Mack cuestionó que las consultas realizadas garanticen una representación efectiva de los sectores con capacidad de decisión. A su criterio, aunque se convoque a ciudadanos, esto no necesariamente significa que exista una participación representativa.
“Sí convocan personas, pero no hay representatividad”, afirmó el analista, quien consideró necesario revisar si los procesos de consulta realmente incorporan a los actores sociales y territoriales que participan en la toma de decisiones.