- Guatemala enfrenta desafíos debido a la baja inversión pública y falta de especialistas
La limitada disponibilidad de especialistas y el restringido acceso a servicios psicológicos evidencian los desafíos que enfrenta Guatemala en la atención de la salud mental de niños y jóvenes, un problema que adquiere mayor relevancia por el aumento de diagnósticos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete adolescentes entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental diagnosticado.
Los más comunes de esos diagnósticos son la ansiedad, la depresión, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno del Espectro Autista (TEA).
En el caso guatemalteco, entre enero y julio de 2023 se reportaron 34,178 diagnósticos de trastornos mentales y de comportamiento, de los cuales el 40 % corresponde a personas menores de 19 años.
El acceso a atención especializada continúa siendo limitado, en parte debido a la baja inversión pública en esta área, que ronda apenas el 2 % del presupuesto de salud, según evidencia el Presupuesto de Ingresos y Egresos de la Nación vigente.
En este contexto, la terapia ocupacional aplicada a la salud mental infantil y juvenil emerge como una opción relevante para ampliar la cobertura y mejorar la atención integral, aunque su desarrollo en el país aún es incipiente.

Voces autorizadas
Claudia Méndez, terapista ocupacional, explicó que esta disciplina utiliza actividades con fines terapéuticos para prevenir y mantener la salud física, mental y emocional.
En el caso de la niñez, su enfoque se centra en el desarrollo de habilidades finas, del lenguaje y motrices, fundamentales para la vida diaria y el desempeño escolar.
“La falta de investigación en la terapia ocupacional aplicada a la salud mental de niños y adolescentes representa un desafío para mejorar la atención en este grupo poblacional”, afirmó Sue Hellen Jones, terapeuta ocupacional y profesora del departamento de Terapia Ocupacional de la Universidad de Chile.
Subrayó que la salud mental en la infancia debe abordarse como un fenómeno social, influido por factores familiares, educativos y comunitarios.
Este enfoque integral resulta clave para comprender los efectos de estos trastornos, que incluyen bajo rendimiento académico, estigmatización y dificultades para acceder a servicios adecuados.
La experta también advirtió que, en el ámbito latinoamericano, se ha registrado un alza en la sintomatología ansiosa, trastornos alimentarios en niños y consumo de sustancias en adolescentes, lo que refuerza la necesidad de ampliar las investigaciones en este campo.

Actualmente, los estudios en terapia ocupacional se concentran principalmente en condiciones como el TDAH y el TEA, dejando de lado otras problemáticas emergentes.
“Una investigación adecuada sobre el tema ayudaría a implementar una terapia adecuada a cada paciente, sin embargo, para lograrlo depende de tener un respaldo económico que actualmente no se da, además de la participación de grupos autodisciplinarios”, puntualizó Jones.
Agregó que la limitada producción científica en América Latina dificulta el diseño de estrategias basadas en evidencia y la formación de profesionales especializados, lo que incide directamente en la calidad y cobertura de los servicios de salud mental.
Ante este panorama, especialistas coinciden en que fortalecer la formación académica, impulsar la investigación y aumentar la inversión pública son pasos necesarios para consolidar la terapia ocupacional como una herramienta efectiva dentro del sistema de salud.
Agregan que esto permitiría avanzar hacia una atención más integral que responda a las necesidades de niñas, niños y adolescentes en Guatemala, en un contexto donde la salud mental se posiciona como un desafío prioritario de política pública.