EPSUM, la mano fraterna de la USAC

Jornadas Médicas realizadas por epesistas en medicina, cuyo tiempo en prácticas abarca todo el año. (Foto: EPSUM / AUN) Jornadas Médicas realizadas por epesistas en medicina, cuyo tiempo en prácticas abarca todo el año. (Foto: EPSUM / AUN)
Jornadas Médicas realizadas por epesistas en medicina, cuyo tiempo en prácticas abarca todo el año. (Foto: EPSUM / AUN)
  • Estudiantes de distintas unidades académicas llegan a comunidades remotas para hacer efectivo el Id y enseñad a todos.

En comunidades donde la desnutrición infantil tarda años en revertirse y donde algunas familias viven junto a sus animales en una sola habitación, estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) llegan cada año para desarrollar proyectos de salud, nutrición y desarrollo comunitario. Lo hacen por medio del Ejercicio Profesional Supervisado Multidisciplinario (EPSUM), el programa que la directora Flor Estrada define como El brazo social de la universidad.

En 2026, el programa amplía su impacto al fortalecer proyectos enfocados en seguridad alimentaria, vivienda saludable y agua potable. Según explicó la directora, desde este año EPSUM tiene presencia en los 22 departamentos y trabaja con alumnos que realizan prácticas en territorios vulnerables.

Más allá de los números, el programa busca acercar a los futuros profesionales a realidades que muchas veces desconocen. “Ahí es donde uno llega a conocer la verdadera pobreza”, expresó Estrada al recordar las experiencias de estudiantes que deben caminar horas para llegar a comunidades o convivir con familias que enfrentan condiciones extremas de precariedad.

¿Qué es EPSUM?

EPSUM es un programa de la dirección general de extensión universitaria de la USAC, que tiene como principio fundamental contribuir a la formación académica de las y los estudiantes de prácticas y ejercicio profesional supervisado, igual que otras modalidades, integrando equipos multidisciplinarios que coadyuven al desarrollo integral a través de la relación Universidad-Sociedad.

La prioridad en comunidades es el desarrollo de cinco ejes transversales: Economía, que pretende enseñar la agricultura familiar y mejoramiento de economías campesinas; Educación-ambiente con la gestión integrada de desechos sólidos y la vulnerabilidad y adaptabilidad a cambios climáticos. Gestión Pública con el fortalecimiento institucional, y Salud enfocado en agua y saneamiento, reducción de vulnerabilidad alimenticia y atención primaria en salud de la comunidad.

Talleres impartidos por practicantes en comunidades de la provincia. (Foto: EPSUM / AUN)
Talleres impartidos por practicantes en comunidades de la provincia. (Foto: EPSUM / AUN)

El programa retribuye a Guatemala cada centavo invertido, como detalla Estrada: “Por cada quetzal que le damos a un estudiante, hemos deducido entre 4.49 y hasta 7.76 quetzales de retribución en proyectos, En algunos específicos, la retribución sube hasta 16.49 para este 2026”.

Para la dirección de EPSUM, la ayuda económica entregada a los estudiantes no representa un gasto, sino una inversión social. Solo en 2025, el trabajo de 250 alumnos del área de salud generó una retribución estimada de Q30 millones en atención médica y servicios comunitarios.

Este año, unos 500 estudiantes cumplen prácticas distribuidas en distintos puntos del país. En 2025 fueron 450, por lo que en este el 69 % pertenece a centros universitarios y sedes departamentales.

Aunque considera la experiencia enriquecedora tanto a nivel académico como personal, Ruby Gómez, de Trabajo Social, también reconoció las dificultades que enfrentan.

Explicó que, además del trabajo comunitario, los epesistas deben producir simultáneamente informes y requerimientos tanto de EPSUM como de sus unidades académicas. Aun así, aseguró que la experiencia deja aprendizajes que van más allá de lo profesional. “Uno no solo llega a enseñar; también aprende a respetar las culturas y todo lo que define a cada comunidad”, destacó.

Cosechas realizadas por las comunidades gracias al programa de huerto familiar. (Foto: EPSUM / AUN)
Cosechas realizadas por las comunidades gracias al programa de huerto familiar. (Foto: EPSUM / AUN)

¿Como ser parte de EPSUM?

Para un estudiante, el ingreso en el programa EPSUM se inicia desde las propias unidades académicas. Quienes estén interesados en realizar su práctica profesional deben contar primero con el cierre de pensum y una carta de asignación emitida por su facultad o escuela. A partir de ahí, se coordina la incorporación en distintos equipos multidisciplinarios distribuidos en comunidades del país.

El programa trabaja mediante dos cohortes o etapas principales cada año. La primera comienza en enero, especialmente para estudiantes del área de salud como Medicina, mientras otras disciplinas comienzan entre febrero y abril. Esta primera cohorte finaliza en julio. Posteriormente, en agosto se abre la segunda etapa del año, cuyos períodos pueden variar dependiendo de cada carrera.

Algunas prácticas duran únicamente dos o cuatro meses, mientras otras, como Agronomía o Medicina se alargan los dos periodos del año. Como parte del apoyo institucional, los estudiantes reciben una ayuda económica mensual de Q2,500 destinada a cubrir alimentación, transporte y alojamiento. De acuerdo con la directora, este beneficio resulta clave para que jóvenes provenientes tanto de la capital como de otras zonas, puedan permanecer en comunidades donde muchas veces deben alquilar habitaciones o movilizarse diariamente hacia puestos de salud y aldeas lejanas.

Entre las principales metas para 2026, se busca fortalecer la sostenibilidad de los proyectos comunitarios y ampliar la cobertura territorial en municipios con mayores índices de vulnerabilidad. Estrada explicó que una de las prioridades es garantizar que las comunidades puedan continuar los proyectos incluso después de que los estudiantes concluyan sus prácticas.

Uno de los proyectos que el programa impulsa es el modelo de vivienda saludable, iniciativa que pretende mejorar las condiciones de vida en hogares rurales mediante espacios separados para cocina, dormitorios y animales domésticos. Además, continuarán proyectos relacionados con agua, saneamiento e higiene, considerados fundamentales para prevenir enfermedades gastrointestinales en distintas comunidades del país.

Proyecto sobre educación integral en sexualidad llevado a cabo en las Verapaces. (Foto: EPSUM / AUN)
Proyecto sobre educación integral en sexualidad llevado a cabo en las Verapaces. (Foto: EPSUM / AUN)

Estrada manifestó satisfacción por el relacionado con la prevención de embarazos en niñas y adolescentes desarrollado en Alta y Baja Verapaz. Según explicó el supervisor regional, Roberto Zea, lleva ocho años de ejecución y ha trabajado con unos cuatro mil niños, niñas y adolescentes en distintos centros educativos.

El proyecto se desarrolla mediante talleres sobre educación integral en sexualidad, derechos reproductivos y salud preventiva, en coordinación con autoridades educativas y personal médico. Además de estudiantes de Medicina, participan alumnos de Trabajo Social, Derecho, Arquitectura y otras disciplinas que aportan desde diferentes enfoques.

Otro de los proyectos impulsados en el área está relacionado con seguridad alimentaria y crianza infantil. A través de talleres y acompañamiento comunitario, los equipos multidisciplinarios trabajan con madres de familia para mejorar la nutrición de niños menores de seis años mediante huertos familiares, preparación de alimentos enriquecidos y prácticas de crianza saludable.

También se ejecuta la Estrategia de Vivienda Saludable, da junto a la Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

Apunta a mejorar condiciones en comunidades vulnerables mediante espacios más higiénicos, ventilados y seguros, incluso en abril de 2026 se inauguró una “Vivienda Saludable Demostrativa-Educativa” en San Gaspar Ixchil, Huehuetenango, como parte de la expansión del modelo hacia el occidente del país.

Epesistas entregando material para huertos en aldea Agua Tibia II. (Foto: EPSUM / AUN)
Epesistas entregando material para huertos en aldea Agua Tibia II. (Foto: EPSUM / AUN)

El lado humano del territorio

Sofia López, epesista en Quiché, cuenta que fue significativo que la comunidad permitiera ingresar y trabajar en conjunto. “Al principio no fue sencillo ya que hubo desconfianza hacia el equipo de trabajo, pero conforme el tiempo la situación fue cambiando hasta el punto de entablar conversaciones que impulsaron mucho más el proyecto.”

“Debo resaltar que disponer de habilidades como la comunicación, la paciencia y empatía son aspectos a tomar en cuenta para tener una gran experiencia durante el EPS. No dudo en motivar a cada preprofesional a que pueda asumir el reto para obtener un valioso crecimiento personal y profesional”, destacó.

En ese sentido, Gómez, asignada al municipio de Chinique, Quiché, aseveró que ser parte de EPSUM implicó enfrentarse por primera vez a realidades que hasta entonces desconocía. “Es una oportunidad para los epesistas poder realizar prácticas en lugares que necesitan del apoyo de profesionales”. También resaltó que la ayuda becaria es un alivio para estudiantes que deben cubrir gastos de transporte, hospedaje y materiales utilizados en proyectos comunitarios.

“El proyecto sirve porque cada disciplina aporta algo distinto y ese conocimiento se queda en la comunidad”, comentó. Entre las actividades realizadas se encontraban talleres sobre elaboración de jabón líquido, mermeladas y uso adecuado de recursos agrícolas para mejorar la alimentación familiar.

El día a día como epesista también implicaba largas jornadas de movilización y planificación comunitaria. Gómez relató que salía desde las siete de la mañana del lugar donde se hospedaba en Santa Cruz del Quiché, para tomar distintos buses hasta llegar a Chinique. Antes de iniciar las actividades en las aldeas, debía coordinar reuniones con la municipalidad y líderes comunitarios. Posteriormente trabajaba con grupos de mujeres, niños y adolescentes mediante talleres teórico-prácticos. “Las comunidades nos apoyaban bastante, nos prestaban espacios y utensilios para trabajar”, recordó.

Programas de cocina con ingredientes que se dan en la comunidad, en los departamentos de Chimaltenango y Quiché. (Foto: EPSUM / AUN)
Programas de cocina con ingredientes que se dan en la comunidad, en los departamentos de Chimaltenango y Quiché. (Foto: EPSUM / AUN)

Retos y obstáculos en el proyecto

La directora de EPSUM reconoció que uno de los principales desafíos del programa es trabajar en comunidades donde se prometieron proyectos que nunca llegaron a concretarse. Esa situación, explicó, provoca desconfianza en algunos pobladores y obliga a los equipos a realizar procesos de sensibilización antes de iniciar cualquier intervención.

Otro de los obstáculos está relacionado con la inseguridad y las dificultades geográficas. En algunos municipios, el programa ha tenido que retirar estudiantes debido a hechos de violencia o conflictos comunitarios. Además, existen territorios donde los practicantes deben movilizarse a pie o en lancha para llegar a las comunidades asignadas.

A estas dificultades se suman barreras culturales y sociales. Según relató la directora, en algunas comunidades es necesario solicitar autorización a líderes comunitarios o incluso a los esposos para poder trabajar con mujeres y niñas. “Tenemos que entrar con respeto y entender primero el sentir de la comunidad”, señaló.

Más allá de las estadísticas y los proyectos, EPSUM busca conectar a los estudiantes con una realidad distinta a la de las aulas universitarias. Para muchos practicantes, la experiencia implica convivir con comunidades que enfrentan pobreza extrema, desnutrición y falta de servicios básicos.

A través de proyectos de salud, nutrición, educación y desarrollo comunitario, el programa pretende no solo generar cambios en los territorios, sino también formar profesionales con mayor sensibilidad social. “Eso nos prepara para la vida”, expresó la directora.

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