- El temor a conocer qué ocurre con la salud puede llevar a algunas personas a postergar consultas y exámenes, aun cuando saben que necesitan atención.
Recibir un diagnóstico médico puede generar preocupación e incertidumbre. Para algunas personas, la preocupación de descubrir una enfermedad resulta difícil de afrontar y puede llevarlas a aplazar una consulta o un examen. Aunque esta reacción es comprensible, retrasar la búsqueda de ayuda puede dificultar la detección oportuna de algunos padecimientos y limitar la posibilidad de actuar a tiempo.
Según el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), algunos estudios señalan que esta preocupación puede ser más frecuente entre hombres de mediana edad, etapa en la que aumenta la aparición de enfermedades crónicas. Esta situación puede influir en que algunos eviten los chequeos anuales o dejen sin atender determinadas molestias.
El médico especialista del Centro de Atención Integral de Salud Mental del IGSS, Gabriel Pineda, señala que la preocupación también puede relacionarse con el tipo de examen. Entre los procedimientos que generan mayor inquietud menciona la mamografía en mujeres y la revisión de próstata en hombres. También los relacionados con cáncer, diabetes y enfermedad renal.

“Sentir preocupación por un posible diagnóstico es normal, pero no debemos permitir que ese temor nos lleve a posponer una evaluación que puede ayudarnos a conocer qué ocurre y actuar a tiempo”, expresa Pineda, quien considera que contar con apoyo familiar o profesional puede facilitar el proceso.
El médico general Luis Alberto Guzmán subraya que los resultados deben analizarse según las características de cada caso. Un valor fuera del rango esperado no confirma por sí mismo una enfermedad; corresponde al profesional determinar su significado y establecer si requiere pruebas adicionales o seguimiento.
Momentos de decisión
“Un resultado aislado no permite establecer qué pasa. Es necesario valorar el conjunto de la información para decidir qué procedimiento corresponde”, indica Guzmán.

Una situación similar vivió María José Catalan, de 34 años, quien decidió aplazar sus exámenes pese a tener antecedentes familiares de diabetes y episodios frecuentes de cansancio y sed.
“Mi mamá tiene diabetes y yo sabía que por mis antecedentes debía cuidarme, pero cuando me dijeron que tenía que hacerme los exámenes pensé que quizás era mejor no saber. Me decía que seguramente era estrés y que podía esperar unos días. Cada vez que sentía algo, volvía a pensar en lo mismo”, relata Catalan.
Finalmente acudió a realizarse los estudios. Los resultados mostraron niveles de glucosa y, tras continuar con las evaluaciones médicas, recibió el diagnóstico de diabetes tipo 2. A partir de entonces inició el tratamiento y mantiene controles para vigilar su condición.

“Cuando me dieron el diagnóstico sentí miedo. Pensé en todo lo que iba a cambiar y en los medicamentos que tendría que tomar. Pero después entendí que saberlo me daba la oportunidad de cuidarme. Ahora sigo mi tratamiento y voy a mis controles”, comparte.
La experiencia modificó su percepción sobre consultas médicas. “Antes creía que no saber era una forma de protegerme, pero ahora entiendo que esperar solamente hizo más larga mi preocupación”, asevera Catalan.
Buscar atención no elimina la preocupación que puede producir un posible diagnóstico, pero permite obtener información y tomar decisiones con base a ella. Resolver las dudas con un profesional es un paso que puede facilitar una atención oportuna. A veces, enfrentar una respuesta puede ser más útil que permanecer esperando una certeza que nunca llega por sí sola.
