- Es necesario adaptar las estrategias de enseñanza a las necesidades y características de aprendizaje de cada estudiante.
Por Alisson Seijas
No todas las personas aprenden de la misma manera ya que mientras algunos estudiantes comprenden mejor mediante imágenes, otros necesitan explicaciones prácticas, materiales audiovisuales o pequeñas dosis de información para asimilar los contenidos.
Conocer estas diferencias permite utilizar herramientas psicopedagógicas que facilitan el aprendizaje y ayudan a identificar dificultades de manera oportuna.
La psicopedagoga Dina Cabrera, explica que existen diferentes estrategias que pueden utilizarse de acuerdo con las necesidades de los estudiantes.
Entre ellas se encuentran el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje autónomo, el aula invertida, el autoaprendizaje, el microaprendizaje y la creación de contenidos de aprendizaje.
El microaprendizaje, por ejemplo, consiste en presentar la información en pequeñas cantidades para facilitar su comprensión y retención.
Esta estrategia puede ser útil cuando un estudiante tiene dificultades para mantener la atención durante períodos prolongados.
Otra alternativa es el aula invertida, en la que los contenidos teóricos pueden revisarse previamente mediante lecturas o materiales audiovisuales, mientras que el tiempo destinado al aula se aprovecha para realizar actividades prácticas y resolver dudas.
Cabrera también destaca el uso de herramientas pedagógicas como los materiales didácticos, herramientas digitales, estrategias de evaluación y recursos audiovisuales, que pueden combinarse según las características y necesidades de cada estudiante.
Mientas que Gabriela Gudiel, experta en Literatura y Lengua, señala la importancia de emplear herramientas que estimulen diferentes capacidades cognitivas.

Entre ellas se encuentran los mapas conceptuales y organizadores gráficos, que permiten estructurar visualmente la información y favorecer su comprensión y memoria.
La gamificación y el software educativo también pueden convertirse en recursos para mantener la atención y aumentar la motivación mediante dinámicas de juego.
A esto se suman ejercicios breves de atención plena, como técnicas de respiración, que pueden ayudar a preparar al estudiante antes de iniciar una sesión de estudio.
Sin embargo, las herramientas no solamente sirven para mejorar el aprendizaje, también permiten conocer las dificultades que enfrenta cada estudiante.
Los portafolios de evidencias, por ejemplo, permiten observar la evolución del trabajo y valorar el proceso, mientras que las entrevistas con estudiantes y familias pueden aportar información sobre factores que influyen en el rendimiento académico.
Cuando existen dificultades específicas, también pueden realizarse adecuaciones en la forma de presentar las actividades.
Dividir una tarea compleja en pasos pequeños, utilizar apoyos visuales o adaptar la lectura son algunas estrategias que pueden reducir la frustración y facilitar la participación del estudiante.
El uso de estas herramientas no significa aplicar una misma técnica para todos. Su efectividad depende de identificar primero qué necesita cada persona y posteriormente seleccionar la estrategia más adecuada.
¿Qué puede hacer un estudiante?
- Si tiene dificultad para recordar: utilizar fichas, mapas conceptuales y organizadores gráficos.
- Si pierde fácilmente la concentración: dividir el estudio en períodos cortos, realizar pausas y utilizar ejercicios de atención.
- Si le cuesta comprender textos: emplear lectura activa, subrayado, esquemas y apoyos visuales.
- Si una tarea parece demasiado compleja: dividirla en pequeños pasos y establecer objetivos concretos.
De esta manera, las herramientas psicopedagógicas pueden convertirse en un apoyo para que el estudiante no solamente obtenga mejores resultados académicos, sino que también conozca cómo aprende, qué dificultades enfrenta y qué estrategias le funcionan mejor.
La clave está en pasar de una enseñanza generalizada a un aprendizaje que tome en cuenta las características particulares de cada persona.