- Historiador y sociólogo exponen razones del deterioro de una actividad vinculada con una conmemoración patria.
Portar antorchas y correr detrás de ellas son parte de las celebraciones por la Independencia de Guatemala en un marco de civismo. Sin embargo, en los años recientes la tradición ha incorporado nuevas dinámicas y comportamientos que generan cuestionamientos sobre el significado original, según expertos consultados.
Para 2026, uno de los cambios más visibles será que el Obelisco no será el punto de encendido de la jornada del 14 de septiembre.
La decisión tomada por la Comisión Ejecutiva del Comité Permanente Pro Festejos de la Independencia Nacional se dio en prevención de incidentes y, de acuerdo con el gobernador departamental de Guatemala, Mauricio Roberto Benard Alvarado, a solicitud de la Municipalidad debido a las obras del aerometro.

El funcionario anunció que el Parque Erick Barrondo, Campo de Marte, Campos del Roosevelt, Centro Cívico y la sede de la alcaldía auxiliar de la zona 18 serán los nuevos escenarios.
Una mirada analítica
Walter Gutiérrez, docente de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), ubica el surgimiento de las antorchas a finales de la década de 1950 y su oficialización en 1964.
La acción tuvo especial relación con el ámbito educativo y estaba dirigida a los jóvenes como una actividad conmemorativa y cívica. Con el paso de los años, la participación dejó de concentrarse solo en ese ámbito y comenzó a involucrar a vecinos de barrios y colonias.

Para el historiador, el cambio ha ido más allá de una mayor presencia y el traslado de la ruta.
Considera que se ha ido perdiendo el sentido original y que los comportamientos como el lanzamiento de bolsas de agua han convertido la actividad en una expresión de frustración, enojo o entretenimiento que no tiene que ver con la conmemoración de la Independencia.
A su vez, Carlos Roberto Monzón González, sociólogo y docente de la Escuela de Ciencias Políticas de la USAC, indica: “Conductas agresivas como el lanzamiento de bolsas de agua o de hielo, huevos, piedras y otros objetos alejan totalmente el significado de la tradición cívica y crean un escenario de mayor conflictividad y violencia social”.

Monzón relaciona esta transformación con un contexto social más amplio. Según su interpretación, la frustración, la decepción y cólera en la sociedad también pueden proyectarse durante las antorchas respecto de los diversos problemas que se viven en nuestro país.
“Las nuevas generaciones ya no viven las antorchas con el mismo significado de quienes participaron en décadas anteriores. Esta transformación muestra cómo una tradición puede mantenerse vigente mientras cambia la manera en la que los jóvenes se apropian de ella”, asienta.