- Las nuevas plataformas reducen tiempo y aportan ventajas; sin embargo, se corre el riesgo de afectar el pensamiento crítico y el conocimiento.
La llegada de la Inteligencia Artificial (IA) a las aulas universitarias está transformando la manera en que los estudiantes investigan, redactan tareas y procesan información.
Lo que antes requería horas de lectura, elaboración manual de mapas conceptuales o búsquedas bibliográficas extensas, ahora puede resolverse en minutos mediante plataformas como OpenAI ChatGPT, Google Gemini o Anthropic Claude.
Sin embargo, especialistas y docentes advierten que, si bien estas herramientas representan una oportunidad para agilizar procesos de aprendizaje, también están generando problemas relacionadas con la dependencia tecnológica, la pérdida del pensamiento crítico y uso inadecuado de la información.
Marco Barrera, docente de la Universidad Regional, considera que la IA ha cambiado el contexto académico al reducir tiempos y facilitar el acceso a información. “Realmente ha venido a revolucionar numerosos aspectos: minimiza los tiempos para investigar y facilita ese proceso”, afirmó.
No obstante, explicó que el principal problema radica en que muchos estudiantes utilizan la tecnología únicamente para copiar y pegar contenidos sin analizarlos ni verificarlos.

La IA debería funcionar como una herramienta complementaria y no como un sustituto del pensamiento humano.
Aseguró que ha incentivado a sus estudiantes a utilizar plataformas para ampliar ideas, resolver dudas técnicas y estructurar análisis, pero siempre a partir de un proceso de investigación y lectura.
La preocupación sobre el impacto de la IA en la educación también ha sido abordada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
En 2023, la entidad publicó la guía Inteligencia Artificial Generativa y Educación, donde advierte que el uso indiscriminado de estas herramientas puede afectar el desarrollo del pensamiento crítico y aumentar las brechas educativas si no existen lineamientos éticos y pedagógicos claros.
Demandó que las universidades prioricen la alfabetización digital y enseñar a los estudiantes a utilizar la IA de manera responsable, crítica y transparente.

Jimena Esquite, licenciada en Pedagogía con especialización en Tecnología de la Información y la Comunicación, considera que las herramientas basadas en Inteligencia Artificial están reemplazando procesos tradicionales de estudio, como la elaboración de resúmenes, mapas mentales y transcripciones.
“La Inteligencia Artificial ha sustituido eficazmente tareas mecánicas al automatizar procesos repetitivos basados en reglas. Esto libera tiempo y recursos cognitivos”, apuntó.
Esquite señaló que esta automatización puede permitir que los universitarios dediquen más tiempo al análisis, la resolución de problemas y la creatividad. Sin embargo, advirtió que también existe el riesgo de desarrollar una “pereza cognitiva” si se acepta las respuestas generadas por la IA sin cuestionarlas.
“El riesgo radica en que el estudiante dependa exclusivamente de las respuestas generadas por la Inteligencia Artificial sin un proceso de verificación, análisis o reflexión personal”, afirmó.
Esquite y Barrera expusieron que uno de los mayores desafíos para las universidades será adaptar sus métodos de enseñanza a esta nueva realidad tecnológica.

El segundo dijo que es urgente incorporar cursos relacionados con Inteligencia Artificial e ingeniería de prompts en las carreras universitarias. “Si no nos subimos al barco, nos vamos a quedar atrasados”, expresó.
Esquite sostuvo que la llamada ingeniería de prompts podría llegar a ser tan importante como la lectura comprensiva. “Saber formular preguntas efectivas a la Inteligencia Artificial está emergiendo rápidamente como una competencia tan básica y fundamental como la lectura comprensiva”, explicó.
El avance de la IA también está modificando la dinámica de aprendizaje fuera de las aulas.
Para muchos estudiantes, plataformas inteligentes funcionan como tutores personalizados disponibles las 24 horas del día, capaces de explicar conceptos, generar ejercicios y brindar retroalimentación inmediata.
A pesar de las ventajas, especialistas insisten en que ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar el criterio humano.
“La IA es una herramienta técnica, una herramienta fría, pero nosotros somos los que le tenemos que dar ese sentido humano”, concluyó Barrera.