- El cambio generacional comienza a dar un giro en la dinámica de pareja en Guatemala. Las estadísticas reflejan una tendencia sostenida al aumento de las separaciones, en tanto que los enlaces muestran una disminución.
El Registro Nacional de las Personas (RENAP) reportó que en 2016 se inscribieron 203,021 matrimonios y 7,489 divorcios. Ambas cifras mantuvieron un crecimiento constante hasta 2019, año en el que se asentaron 227,152 bodas y 8,735 disoluciones.
Sin embargo, en 2020, durante la pandemia del COVID-19, los datos presentaron una fuerte disminución. Ese año se contabilizaron 148,844 matrimonios y 5,205 divorcios, reflejo del impacto de las restricciones sanitarias y la suspensión de actividades presenciales.
Luego del periodo de cuarentena, las cifras volvieron a incrementarse. En 2021, el RENAP certificó 212,459 enlaces matrimoniales y 8,430 divorcios, lo que evidenció una recuperación significativa en comparación con el año anterior.
A partir de 2022 comenzó a observarse una transformación en las dinámicas familiares y de pareja. Los divorcios siguieron en niveles superiores a los de antes de la pandemia y mostraron un incremento sostenido aproximado del 2 % entre 2016 y 2025.
En 2022 se contabilizaron 8,831 divorcios; en 2023 la cifra ascendió a 8,972. Para 2024 se registraron 8,381 casos y, en 2025, un total de 7,619 disoluciones matrimoniales. Mientras tanto, en lo que va de 2026, al 8 de mayo, el RENAP ha reportado 2,427 divorcios a nivel nacional.
Análisis profesional
En opinión de la antropóloga Yolanda Aguilar, del Centro de Formación-Sanación e Investigación Transpersonal Q’anil, en Guatemala se vive un cambio generacional profundo donde existe un mayor nivel de conciencia en las mujeres que el que se pudo haber obtenido hace 30 años.

Esto implica mayor participación de las mujeres en la sociedad, inclusive en puestos de alto nivel.
“Ocurre un reconocimiento de derechos, un nivel de reconocimiento de su vida, saber lo que quieren en sus profesiones, pero también de lo que ha significado para las generaciones anteriores el ejercicio de la maternidad y ahora las mujeres descubren algo que no era común y es el ejercicio de sus facultades”, opina.
Las estadísticas desagregadas del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al período 2021-2025 apuntan que la mayor cantidad de divorcios en Guatemala se concentra en personas de entre 25 y 44 años.
El romanticismo también figura entre los factores que influyen en el aumento de las rupturas matrimoniales. A edades tempranas, tanto hombres como mujeres suelen contraen casarse con la expectativa de que esto resolverá aspectos importantes de sus vidas.
“Una de las razones de más divorcios es porque no hay una formación sobre nuestros afectos, sobre lo que implica vivir en pareja, no hay educación sexual, no hay educación para la vida en los sistemas educativos de Guatemala”, asegura Aguilar.
Según la especialista, esta visión idealizada del matrimonio induce a que muchas parejas enfrenten una realidad distinta a la que imaginaron, rompiéndose la percepción de que la vida conyugal sería “color de rosa”.

Desde el punto de vista psicológico, Isabel Barrios explica que uno de los factores que influye en los divorcios es la formación de parejas bajo esquemas estructurales y presiones sociales.
Barrios detalla que durante la década 1980-1990 era común que, en un embarazo, las familias impulsaran el matrimonio como una obligación social.
“En los años 80, te embarazabas y te casabas. En esa época eran los padres quienes decidían, porque no permitían que una mujer tuviera un hijo fuera del matrimonio; mientras tanto, el hombre debía responsabilizarse del hijo y de la madre”, argumenta Barrios.
La especialista en Psicología clínica señala que muchas de estas uniones se consolidaron sin que existiera una preparación emocional o compatibilidad suficiente entre las parejas, lo que con el tiempo derivó en conflictos dentro de la relación.
Añade que atravesar un divorcio también representa un proceso emocional complejo, ya que implica afrontar un duelo por la pérdida de la relación afectiva y aceptar la continuidad de la vida tras la ruptura.
Resalta que es vital que las parejas alcancen una madurez emocional y personal antes de tomar la decisión de contraer matrimonio.

Subraya que cada persona debe tener la oportunidad de desarrollarse plenamente y sentirse realizada en sus metas individuales, con el objetivo de evitar frustraciones que, a largo plazo, puedan afectar la relación de pareja y la estabilidad familiar.
Asimismo, considera que las nuevas generaciones poseen prioridades distintas a las de décadas anteriores.
Actualmente, muchos jóvenes priorizan sus estudios, desarrollo profesional y estabilidad económica antes de asumir compromisos relacionados con el matrimonio, la formación de una familia o la crianza de hijos, optando en algunos casos por permanecer solteros.
La psicóloga afirma que existe una mutación de pensamiento, así como la manera de concebir la familia y las relaciones afectivas.
“Se puede observar en las redes sociales, donde dicen: ‘Mi mamá quería un nieto y este es el nieto que le voy a dar’, lo que se acompaña con una foto de una mascota, un ‘perrhijo’, como le llaman”, expresa Barrios.
Aguilar afirma que el divorcio continúa siendo un proceso complejo debido al tiempo, dinero, energía y trámites legales que implica, especialmente cuando existen hijos de por medio, lo que dificulta aún más la separación entre las parejas.

“Es más fácil casarse que divorciarse, hay muchas mujeres que ya no se casan; de hecho, en la cultura guatemalteca hay personas que simplemente deciden vivir juntas, en la famosa unión de hecho que actualmente adoptan muchas parejas”, asevera.
Huellas recientes
A partir de 2022, los matrimonios comenzaron a mostrar una tendencia a la baja. Ese año, el RENAP contabilizó 197,684 enlaces nupciales. En 2023, la cifra descendió a 191,416, mientras que en 2024 volvió a reducirse con 186,864 registros.
Para 2025, el número de bodas inscritas fue de 182,807, lo que refleja una disminución cercana al 10 % en comparación con 2016, cuando hubo 203,021. Mientras que de enero hasta el 8 de mayo de 2026 suman 62,777 “Sí, aceptó”, en todo el país.
La antropóloga indica que estos cambios sociales de estado civil representan una tendencia creciente en Guatemala, impulsada por la transformación de las dinámicas familiares y el reconocimiento de distintos tipos de familia en la sociedad.
“Si pudiéramos observar el panorama de aquí a cinco años, esta tendencia continuará, porque las mujeres seguirán estudiando, formándose, participando y organizándose, y eso influirá en el tipo de familias del futuro. El mundo está cambiando de múltiples maneras y eso tiene efectos directos en instituciones que se han querido conservar por siglos, pero que ya no pueden mantenerse de la misma forma”, sentencia.