- La presencia de bacterias como Escherichia coli en fuentes de abastecimiento representa un riesgo para la población.
El acceso al agua potable segura es un reto para Guatemala, especialmente en comunidades donde los sistemas de abastecimiento presentan deficiencias en su tratamiento o distribución. La contaminación bacteriana puede causar enfermedades gastrointestinales y afectar con mayor gravedad a niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas.
José Sazo, inspector de Saneamiento Ambiental de la Dirección Departamental de Redes Integradas de Servicios de Salud Guatemala, Área Central, explicó que la vigilancia de la calidad del agua se realiza mediante los diferentes sistemas de abastecimiento y que la información obtenida se registra en la plataforma SIGSA SIVIAGUA, utilizada por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social para dar seguimiento a las condiciones del recurso hídrico.
El experto indicó que, de acuerdo con la Norma COGUANOR NTG 29001, el agua destinada al consumo humano debe tener ausencia total de Escherichia coli. La presencia de esta bacteria es un indicador de contaminación, generalmente por materia fecal, y su consumo puede ocasionar enfermedades gastrointestinales, diarreas, vómitos y deshidratación.

Sazo apuntó que las principales fuentes de contaminación bacteriana incluyen el contacto con aguas residuales, la presencia de materia orgánica, la sedimentación en depósitos de almacenamiento y las fallas en las redes de distribución. También advirtió que uno de los errores más frecuentes en los hogares es almacenar el agua en recipientes destapados o mal sellados, lo que facilita el ingreso de microorganismos y reduce el efecto del cloro residual.
Más voces de alerta
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene son esenciales para prevenir enfermedades. La entidad advierte que el consumo de agua contaminada favorece la transmisión de padecimientos como cólera, disentería, hepatitis A, fiebre tifoidea y otras enfermedades diarreicas, por lo que recomienda fortalecer la vigilancia sanitaria y garantizar tratamientos adecuados antes del consumo.
En Guatemala también se desarrollan esfuerzos para monitorear las fuentes de agua. El Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC) mantiene programas en distintos ríos del país con el objetivo de evaluar parámetros físicos, químicos y biológicos que permitan conocer el estado de los recursos hídricos y generar información para apoyar su conservación.

Cuando durante las inspecciones se detectan niveles altos de contaminación bacteriana, la medida inmediata consiste en realizar procesos de cloración para eliminar los microorganismos presentes. Sazo subrayó que la vigilancia del cloro residual puede efectuarse una o dos veces por semana, dependiendo del sistema de abastecimiento y de las condiciones de cada comunidad.
Para reducir el riesgo de enfermedades, el inspector recomienda agregar dos gotas de cloro comercial por cada litro de agua y dejarla reposar durante al menos 30 minutos antes de consumirla. Otra medida eficaz consiste en hervir el agua y almacenarla en recipientes limpios, tapados y protegidos de agentes contaminantes.
Por su parte, la Fundación AQUAE destaca que la protección del agua no depende únicamente de las instituciones públicas, sino también de la participación ciudadana. Entre sus recomendaciones figuran evitar arrojar basura o sustancias químicas a ríos y lagos, reparar fugas de agua, reducir el desperdicio y promover una cultura de uso responsable del recurso.
