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En tres años se han registrado más de seis mil sismos
- Datos del Insivumeh detallan la actividad de dichos fenómenos.
Desde 2022 para 2024 Guatemala ha tenido en promedio 2,059 sismos al año; en ese lapso 208 han registrado una magnitud mayor a 3, por lo que fueron sensibles. Asimismo, la mayoría de los temblores ocurre en la Costa Sur, confirma el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh).
Diego Castro, encargado del Sistema de Alerta de Sismo de dicha entidad, define estos movimientos como “una liberación repentina de energía durante un corto lapso y se registran en donde existe interacción de placas tectónicas”.
Explica que en el caso de Guatemala la gran mayoría de sismos es por la interacción de placas tectónicas —Norteamérica, Caribe y Cocos—, además, los temblores también pueden derivarse de la actividad volcánica en el país.
El experto agrega que el origen de algunos de los sismos puede tener que ver por la actividad humana, como la minería o explosiones nucleares, aunque estas no son comunes.
En casos muy particulares la energía que producen los sismos puede llegar a liberarse hacia la atmósfera en forma lumínica o sonora; sin embargo, la forma en que la mayoría de las personas los percibe es por el movimiento de la tierra y esto se genera por las ondas expansivas que generan la energía.
Una región particular
Guatemala es un país sísmico por sus condiciones geológicas, en principio está ubicado donde confluyen tres placas tectónicas, que a su vez están en lo que se denomina como Cinturón de Fuego del Pacífico.
El Cinturón de Fuego o Anillo de Fuego es el nombre que se le da a una zona geológica en las costas del Pacífico y que está conformada por Sudamérica, Centroamérica, Norteamérica, Rusia, Asia y Oceanía.
En dicha parte se registra gran actividad geológica y se caracteriza por tres aspectos: zonas de subducción, volcanes activos y violentos sismos.
Guatemala tiene los tres elementos, la placa de Cocos crea una zona de subducción —deslizamiento del borde de una placa de la corteza terrestre por debajo del borde de otra— con la placa Norteamérica, lo que a su vez induce actividad volcánica en el territorio nacional —tres volcanes activos— y por consecuencia sismos constantes, en ocasiones violentos.
Datos del Insivumeh revelan que en 2022 se registraron 2,131 temblores, el año siguiente, 2,264 y 2024, 1,783, en total fueron 6,178 temblores en tres años, lo que demuestra que Guatemala es un país altamente sísmico.
Castro indica que el país tiene a su disposición sensores con la capacidad de medir cualquier perturbación del suelo y que son 84 estaciones instaladas. Esta red se ubica en las cercanías de las fuentes sísmicas, particularmente en el sur del país.
El entrevistado enfatiza que ninguna tecnología actual permite anticipar un movimiento sísmico, pero lo que si se puede hacer es avisar con algún margen de tiempo antes de que llegue el movimiento a las áreas cercanas. “Para esto se creó la aplicación INSIVUMEH Alerta de Terremotos que busca construir las bases de una alerta temprana de sismos”, menciona.
Esto se basa en tres pilares expone Castro, conocimiento de riesgo, monitoreo y detección y la diseminación de las alertas es el papel que juega la aplicación.
Añade que como institución implementarán actividades y que como el próximo año se cumplirán 50 del terremoto de 1976, se pretende hacer diferentes actividades para promover el uso de la aplicación y llegar a más usuarios.
Particularidades de los sismos
Castro precisa que cuando los expertos se refieren a epicentro no aluden un punto como se suele representar en los mapas o imágenes que se ven en los medios de comunicación, sino es un área que en ocasiones puede abarcar kilómetros donde se traza una línea de forma transversal.
Asimismo, la forma en que se mide o monitorean los sismos en Guatemala se basa en su velocidad de movimiento y el tiempo en que las ondas mecánicas llegan a los sensores.
“Con estos dos valores se puede establecer la distancia de donde se produjo el movimiento abrupto de energía o movimiento de la corteza terrestre”, resalta.
Algo que destaca es que existe la creencia generalizada que la magnitud se mide en grados, pero “realmente no es así, es una escala logarítmica que implica que un valor crece 32 veces —la raíz cuadrada de 1000—respecto del anterior”.
Lo que se pretende con esta escala es conocer cuán grande fue el evento sísmico, partiendo de cómo se puede percibir el movimiento a partir de la ubicación, en este caso de los sensores que los miden.
Pasa lo mismo con el daño que pueden causar estos sismos, que tiene factores como la cercanía del movimiento, el tipo de construcción, como el caso de terremoto en las costas de San Marcos, en donde las construcciones más antiguas fueron las afectadas.
Si bien es cierto la mayoría de los sismos ocurren en la Costa Sur del país —que es el lugar donde chocan las placas tectónicas—hay otras fallas locales que generan sismos en la región norte de Guatemala, como la de Jalpatagua, en Jutiapa, Ixcán, en Quiche, Polochic, en las Verapaces y la más conocida de todas: la del Motagua, que fue la que originó el terremoto de 1976.
