- Tomar suficiente agua, reducir la sal, cuidar la alimentación y evitar la automedicación son algunas acciones que pueden incorporarse a la rutina para proteger los riñones.
En Guatemala, la enfermedad renal crónica continúa representando un desafío. De acuerdo con el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), 30 nuevos casos son identificados cada día, una situación que también ha llevado a poner atención en las acciones que pueden contribuir a prevenir el deterioro de las funciones de los riñones.
El panorama alcanza incluso a personas jóvenes y trabajadores agrícolas, sectores en los que el MSPAS ha señalado factores como la exposición a altas temperaturas, la poca ingesta de agua y el uso de determinados medicamentos como elementos relacionados con el riesgo renal.
La prevención comienza en la rutina
La nefróloga Lissette Molinarés señala que uno de los retos en la atención de los pacientes es que algunas alteraciones en los riñones pueden descubrirse después de un periodo prolongado sin que la persona haya notado algún problema.

“Hay quienes llegan y me dicen: Yo me sentía bien, nunca pensé que podía tener algo en los riñones. Ese es uno de los mayores problemas, porque muchas veces no sentimos que algo está pasando. Por eso es importante empezar a cuidarnos antes”, comenta la especialista.
Por ello, Molinarés considera importante mantener una adecuada hidratación, incorporar actividad física de manera regular y prestar atención a condiciones como la presión arterial y los niveles de glucosa. Las personas con diabetes o hipertensión deben mantener sus controles médicos, ya que estas enfermedades pueden aumentar el riesgo de daño renal.
Los controles también permiten detectar alteraciones antes de que avancen. Según la valoración médica, pueden solicitarse pruebas como un examen de orina o la medición de creatinina para conocer cómo están funcionando los riñones.

Otro aspecto al que la nefróloga llama la atención es el consumo de medicamentos por cuenta propia, principalmente cuando se utilizan analgésicos o antiinflamatorios de manera frecuente y durante períodos prolongados.
“No hay que esperar a que el cuerpo nos dé una señal para empezar a cuidarlo. Tomar agua, hacer actividad física, controlar la presión y el azúcar y no abusar de los medicamentos son cosas que podemos incorporar desde ahora”, enfatiza la nefróloga.
La alimentación también cuenta
Los cuidados también pasan por lo que se consume diariamente. La nutricionista Claudia Rivera explica que prestar atención a la alimentación no significa únicamente reducir la cantidad de sal que se agrega a las comidas, sino también observar el contenido de los productos de la dieta habitual.

“A veces pensamos que porque no usamos mucho el salero estamos consumiendo poca sal, pero hay productos que ya vienen cargados de sodio. También es importante revisar qué tomamos durante el día y no hacer de las gaseosas o bebidas azucaradas una costumbre”, subraya Rivera.
La nutricionista sugiere dar mayor espacio a frutas, verduras y granos integrales, además de preferir agua frente a las bebidas azucaradas. Estos cambios pueden incorporarse de manera gradual, sin necesidad de modificar toda la alimentación de un día para otro.