- Icónica especie forma parte de las que están en peligro de extinción, por lo que diversas entidades impulsan su preservación.
El jaguar (Panthera onca) es uno de los ejemplares de su especie más grande que forma parte esencial de la fauna silvestre del país. Habita especialmente en la Reserva de la Biosfera Maya que actualmente es el bastión de conservación en la región.
Sin embargo, este animal enfrenta una creciente amenaza debido a la destrucción de su hábitat y al auge del tráfico ilegal. La extinción de este depredador causaría un desbalance significativo en su ecosistema con impacto directo en el ser humano.
En la civilización maya, el jaguar era el símbolo de fuerza, poder y conexión con la naturaleza. Por eso, los gobernantes usaban su piel para decorar tronos, vestimentas y adornos. También personificaban al mamífero con máscaras y trajes, como en las danzas actuales.

Panorama nacional
Según la Fundación Defensores de la Naturaleza, en Guatemala hay cuatro tipos de jaguares que se pueden encontrar en los bosques tropicales: el margay, el ocelote, el yaguarundí y el puma.
Por su parte, Rashel Sosa, veterinaria del Zoológico La Aurora, explica que es un ser solitario y territorial, con hábitos mayormente nocturnos y crepusculares; se alimenta de diversas especies y se adapta a distintos ecosistemas, desde selvas húmedas hasta bosques secos.
“Las manchas del jaguar se llaman rosetas. Le sirven para camuflarse en la selva entre las sombras y la luz que pasa a través de las hojas. Son únicas, como las huellas dactilares humanas. Las rosetas del jaguar contienen puntos o manchas más pequeñas en su interior, a diferencia de las del leopardo, que no tienen nada en su interior”, detalla la experta.
En Guatemala, su distribución se extiende desde Petén hasta las Verapaces, con importantes poblaciones en parques nacionales como El Mirador, Río Azul y la Sierra del Lacandón. Sin embargo, su supervivencia está cada vez más comprometida: el tráfico ilegal de sus colmillos y pieles ha aumentado, impulsado por la demanda en mercados internacionales.

El Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) calcula que hay entre 1,000 y 1,200 jaguares en toda Guatemala, que se mueven en poblaciones pequeñas con requerimientos ecológicos muy específicos. La distribución actual abarca el 58 % del territorio y de esta el 47.2 % se encuentra en área protegida.
Tráfico ilegal y comercialización
Durante los siglos XIX y XX, los jaguares fueron cazados a escala comercial por sus pieles para abastecer a la industria de la moda en Europa y América del Norte.
En la actualidad también se trafican cabezas, garras y colmillos para abastecer mercados asiáticos como sustitutos de partes de tigre en la medicina tradicional oriental.
La caza furtiva, la captura de jaguares vivos y el comercio del animal o de sus partes, así como su consumo, son ilegales en Guatemala. La participación en estas actividades resulta en multas de hasta Q20,000 o prisión de hasta 10 años.

En ese marco, Karen Aguilar, directora de ordenamiento territorial de FUNDAECO, detalla que las poblaciones de esta especie han ido en detrimento durante los años recientes, derivado del avance de la actividad humana, lo que deriva en la disminución de las áreas disponibles para que los jaguares puedan desarrollar sus actividades.
Asimismo, la cacería indiscriminada de sus presas naturales y los ataques incesantes contra ellos los predisponen a buscar opciones de alimentación que los obligan a acercarse a asentamientos humanos y consumir animales domésticos que son más fáciles de cazar.
“Nuestro país es una pieza fundamental para la conectividad en el corredor del jaguar, que va desde México hasta Argentina. Por ello, FUNDAECO ha unido esfuerzos con WCS, CONAP y Panthera para monitorear las poblaciones de estos hermosos felinos y proteger su hábitat”, comenta Aguilar.

Por otro lado, la organización internacional Panthera desde 2014 ha apoyado la conservación de instituciones locales en Guatemala; los proyectos y actividades se han enfocado principalmente en Izabal, ya que estudios han evidenciado que esta zona es crítica para mantener la conectividad del jaguar en Mesoamérica.
El Biotopo Cerro Cahui, a través de la administración del CECON, conserva 700 hectáreas de bosque que contribuyen al bienestar de los pobladores de las aldeas aledañas por los servicios ecosistémicos que brindan, además de ser refugio de vida silvestre para las presas del jaguar.
Estos esfuerzos integrales buscan asegurar la supervivencia del jaguar mediante monitoreos biológicos, restauración de hábitats y defensa de los territorios. La apuesta es la generación de datos científicos clave para decisiones informadas, documentar la presencia de felinos residentes y fortalecer la conectividad de corredores biológicos.
