La podredumbre educativa gringa asfixia el primer episodio de la serie, Flanagan promete un buen producto como Doctor Sleep o, al menos, eso descifré en el primer episodio. Hay algo que nos dicen en el cine desde tiempos inmemoriales televisivos: el sistema educativo estadounidense supura una podredumbre innegable, allá con el Tío Sam, el victimario juega a ser la víctima para evadir cualquier atisbo de culpa.
Ahora, Mike Flanagan toma esta premisa y la arroja contra la pared en el primer episodio de Carrie, construyendo una obertura que ¡Tenés que ver! porque expone cómo la sociedad esconde información vital a los jóvenes. La serie se erige como manifiesto sobre el daño irreversible del fanatismo religioso, un veneno enquistado que aún hoy justifica crueldad y guerras y claro, fermentado con elementos sobrenaturales al mejor estilo de Stephen King. La tesis es clara, el monstruo no es la adolescente ensangrentada con poderes, sino la ignorancia institucionalizada y la superioridad moral que la juzga.
Otra de mis nuevas fascinaciones: la nueva Margaret White encarna esta toxicidad con precisión milimétrica, la odiás en el fotograma 1. Olviden a Julianne Moore en 2013, donde la compasión lograba filtrarse entre los resquicios de su locura, esta es más cercana a la primera, la de 1976, como si 50 años añejaron la locura que vemos en pantalla. Esta madre es asquerosamente racista y clasista. Nadie empatiza con ella porque representa esa superioridad moral rancia, la energía de la actriz traspasa la pantalla con tal veneno que te sentís juzgado a través del televisor. Es una mirada inquisidora que condena cualquier desviación de su dogma, convirtiendo el hogar en un tribunal donde el amor es reemplazado por control asfixiante. Nos obliga a tragar la bilis de una mujer que escupe odio bajo el disfraz de la devoción.

Adolescentes crueles y miserables ¿Como en todas las épocas?
En medio de esta descomposición surge un elemento que podría desentonar pero termina aportando al discurso. Existe un beso innecesario entre dos chicas en el episodio, un peaje de la tendencia actual, leve y pasajero, no molesta para nada, pero se ve que es cuota. Aún así, defiendo su inclusión porque el director lo moldea como una capa genuina de crueldad moderna. No es un añadido complaciente, sino una herramienta para evidenciar la hipocresía de un entorno que aparenta apertura mientras perpetúa el acoso. Los secundarios orbitan a la protagonista con una malicia que ya no necesita esconderse, fluye en pasillos y se legitima bajo la fachada de lo correcto. Al principio hablaba de victimarios/victimas, repiten esa fórmula de “es odiosa porque en casa no hay dinero”, no sé cuan real sea, pero sí es funcional, sin duda.
Vivir la humillación de Carrie
El guion funciona porque no describe el dolor, te sumerge en él. La tensión entre la negación de la realidad y el despertar biológico crean una bomba de relojería. Como hombre solo puedo imaginar el nivel de trauma que puede representar desconocer la menstruación y que de pronto te visite. Entonces la serie nos muestra que esa negativa a educar a las nuevas generaciones, se manifiesta como violencia institucional. El episodio inicial no pierde el tiempo; te agarra del pelo como maestra cruel de escuela y te invita a una maratón de fin de semana para devorar los ocho episodios restantes, como pienso hacer. La historia demuestra que los verdaderos horrores no habitan en telequinesis descontrolada, sino en aulas abandonadas de empatía y comedores escolares convertidos en campos de batalla.
Flanagan demuestra que la franquicia requería un bisturí afilado para abrir las vísceras de una comunidad enferma. La estructura del piloto es una lección de personajes, donde cada diálogo y silencio esconden intenciones destructivas, las chicas también pueden ser brutales. Diseccionar el clasismo mediante una figura opresiva añade una dimensión analítica que eleva el producto sobre el mero entretenimiento. Pero ojo…. mientras señalás indignado la podredumbre del fanatismo ajeno de la mamá de Carrie, vale preguntarse cuánta información escondés vos todos los días a tu alrededor para mantener intacta tu frágil superioridad moral, perdón, hablaba con el espejo, en fin, ¡Tenés que verla!